Arturo Jofré

Arturo Jofré

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Viernes 29 Enero, 2016

 Estamos ante uno de los fenómenos sociales más perversos y que más daño hacen a la Costa Rica de hoy y, con mucha más fuerza, a la de mañana

El gran dolor de Costa Rica

Costa Rica es un país admirado por muchas razones en el orbe, parte de eso lo ha donado la naturaleza, pero otra parte muy importante se ha ido construyendo con el esfuerzo y la visión de su gente. He escrito varias columnas sobre esto, pero hoy cambiaré de camino.
Aunque los noticieros, las estadísticas y los periódicos están a veces alertándonos de este tumor maligno que se ha incrustado en nuestra sociedad, pareciera que finalmente pasamos la hoja y seguimos como si nada ocurriera. Se trata del desfile permanente de niños y niñas que llegan maltratados, quemados, violados y torturados a los hospitales públicos.
Lo más grave no es que esto ocurra, todas las sociedades en mayor o menor grado, enfrentan este problema, lo realmente preocupante es la dimensión que ha tomado. En efecto, estamos ante uno de los fenómenos sociales más perversos y que más daño hacen a la Costa Rica de hoy y, con mucha más fuerza, a la de mañana.
Lo terrible es la crueldad con que son maltratados muchos niños, víctimas de golpizas y torturas de tal magnitud que una apreciable cantidad llega a los hospitales solo a morir. Ni los torturadores “profesionales” mafias o regímenes dictatoriales harían tan bien su labor. Cuando nos dicen que los hospitales atienden a 10 mil niños agredidos al año y uno observa que la tendencia es al crecimiento, estamos hablando de un número de víctimas mayor a los de una guerra.
¿Por qué una madre o padre puede llegar a estos extremos? Los expertos responden que en algunos casos se trata del llamado síndrome de Münchausen. Es decir, una persona necesita sentirse con poder, y la manera de lograrlo es enfermando a sus propios hijos. Es posible que así ocurra, aunque hay actos tan desgarradores, que probablemente tienen un origen cuasi criminal.
Lo peor de todo es el altísimo porcentaje de víctimas que tienen un año o menos, las cuales en su etapa más inocente son marcadas para siempre… cuando logran sobrevivir.
De alguna forma estamos en guerra, una guerra interna tan compleja como difícil. Pero no la hemos declarado. Costa Rica es campeona de declarar guerras y ganarlas; si no, no tendríamos los parques nacionales, la educación, la salud, el exterminio de las fuerzas armadas… que hoy colocan al país en una posición envidiable en el mundo. Algunos pueden mostrar avances, pero los resultados son débiles y contundentes.
Las cifras internacionales son apabullantes, cada año 150 millones de niñas y 53 millones de niños son abusados sexualmente, sin hablar de maltratos, golpizas, etc. El mundo es un espejo en el que no hay que mirarse, como lo ha hecho Costa Rica en muchos otros temas fundamentales, en este caso el espejo son los países realmente civilizados.

Arturo Jofré
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