Miguel Angel Rodríguez

Miguel Angel Rodríguez

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Lunes 14 Septiembre, 2015

El gasto presentado por el Ejecutivo para 2016 es menos dispendioso que el de 2015. Pero la contención no es suficiente, está mal ubicada y no es sostenible

Disyuntivas

El gasto público para 2016

Primero, una advertencia. Dado nuestro muy limitado y particular control legislativo sobre el gasto público, este comentario solo se refiere al presupuesto del gobierno central (los tres poderes del Estado y sus transferencias) y no al gasto total que incluye a todos los entes. El Presupuesto Nacional que aprueba la Asamblea Legislativa solo involucra un 43% de los gastos consolidados del sector público.
Segundo, un reconocimiento. El proyecto de presupuesto para 2016 presentado por el Ejecutivo es mucho más austero que el de 2015. Mientras el de 2015, ya ajustado por las rebajas que aceptó el ejecutivo, creció en un 16,3%, el recién presentado crece un 2,8. Si excluimos la amortización de la deuda, que tiene grandes variaciones según sean los años de vencimiento de los bonos del gobierno, y cuyo pago permite endeudarse sin que crezca la deuda, para 2015 el presupuesto creció un 11,8% y para el año entrante se presenta un crecimiento del 4,7 %.
Tercero, un hecho. El muy alto presupuesto para 2015 nos afecta, así como nos afectan los muy altos gastos recurrentes de 2009 y 2010.
Por eso, si tomamos el promedio de crecimiento de los presupuestos de 2014 a 2016, la tasa anual de crecimiento incluyendo amortización es de un 9,35%, y sin amortización, de un 8,20%. Este es un crecimiento muy alto para un periodo en el cual la tasa de inflación promedio será de alrededor de un 3% (2% en 2015 y 4% en 2016).
El gasto crece casi el triple de la inflación. Esto no es aceptable cuando se parte de un déficit que ya fue de 5,7% en 2014. El impacto es muy grande y nos acerca a situaciones graves para la economía nacional.
Cuarto, una lástima. Para enfrentar la alta proporción del déficit respecto al tamaño de la producción es muy importante que aumente más rápido el PIB. Debemos crecer más aceleradamente. Para ello es indispensable atender el atraso en nuestra infraestructura. Sin embargo el gasto de capital más bien disminuye en un 11,2% para 2016 (en promedio, de 2014 a 2016 decrece un 0,6%). Mientras tanto, los gastos corrientes aumentan para 2016 en un 6%, y, para el promedio de los dos años, en un 8,89% (50% más que la inflación).
Quinto, sin futuro. Las remuneraciones a los empleados del gobierno aumentan en un 7,2% para 2016 frente a una inflación esperada de 4%. Si se toma de 2014 a 2016, el crecimiento total no anualizado es de 17,3%, sea casi tres veces la inflación de ese periodo. En remuneraciones, el mayor crecimiento es en incentivos que crecen un 9,2% (de 2014 a 2016 en un 23%, casi tres veces la inflación). Eso se puede evitar por parte del ejecutivo.
Las transferencias a entes públicos crecen en un 7,2% para 2016, y el promedio de crecimiento en los dos presupuestos de 2015 y 2016 es de un 9,26%, más de tres veces la inflación esperada para este periodo.
Las pensiones crecen en un 9,5% para 2016 (más del doble que la inflación y 2 puntos más de lo que crecieron para este año) y un 20% de 2014 a 2016.
En conclusión, el gasto presentado por el Ejecutivo para 2016 es menos dispendioso que el de 2015. Pero la contención no es suficiente, está mal ubicada y no es sostenible.

Miguel Ángel Rodríguez