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El fantasma que “vuelve” a caminar


Algunos analistas han advertido que ese fantasma pareciera estar nuevamente de vuelta y no solamente su sombra se limita a Suramérica sino que también está comenzando a proyectarse hacia Centroamérica y el Caribe.


En los años 70 se le llamaba en Suramérica a la inflación el Fantasma que camina, ya que iba pasando de país en país, arrasando a su paso con las frágiles economías de la región.
Significativos fueron los casos de Bolivia, Perú y Argentina, azotados por una hiperinflación que consumió el poder adquisitivo de la gente y aumentó la pobreza enormemente, fue quizás la hora más oscura de la economía suramericana.
Algunos analistas han advertido que ese fantasma pareciera estar nuevamente de vuelta y no solamente su sombra se limita a Suramérica sino que también está comenzando a proyectarse hacia Centroamérica y el Caribe.
Esto lo confirman las cifras presentadas en los últimos días, donde Perú, Argentina, México y Venezuela han mostrado un incremento en lo que va de año, con expectativas de mantenerlo, lo cual puede ser muy nocivo para esas economías.
Si bien el resto de los países de la región han mantenido esta variable un poco más estable y en muchos de los casos no ha sobrepasado un dígito, la llamada inflación subyacente se mantiene y se observa en el aumento de los costos de seguridad, transporte privado, gastos médicos, etcétera.
Esta situación se observa también en Centroamérica, donde las cifras muestran un deterioro del poder adquisitivo de los ciudadanos de Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá.
Al analizar las razones del aumento, saltan cuatro rubros que al parecer son los detonantes del flagelo; en primer lugar, el costo del transporte que obviamente tiene un impacto directo en la cadena de producción y distribución, así como en el bienestar de los ciudadanos del país.
El otro rubro que destaca es el de los alimentos, curiosamente por un aumento de la importación de estos, lo cual en países productores esto podría sonar contradictorio. Un tercer rubro es la educación, que preocupa ampliamente por ser este uno de los focos del desarrollo económico y al incrementarse podría incitar a una mayor deserción escolar.
El cuarto rubro, que se repite en la mayoría de las economías de la región, es el sector de la salud, que obviamente se ve impactado por los aumentos de las materias primas y en algunos casos por el incremento en la demanda.
Si bien cada economía es sensible en mayor o menor medida a estos y otros rubros, lo que sí hay que tener en cuenta es que la inflación es un fenómeno que al igual que la hipertensión, es silencioso, por ello los reguladores no deberían restarle importancia.
Lo que sí queda claro es que la región tiene retos que en nuestra opinión los indicadores están señalando hay que atender a la brevedad posible.

Alfredo Puerta
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