Macarena Barahona

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Sábado 24 Agosto, 2013

El “espíritu universitario” necesita de volver a ver la esencia de su fundación


Cantera

El espíritu de la UCR

En el aniversario 73 de la creación de la Universidad de Costa Rica (UCR) y siendo hija de profesores universitarios, egresada de esta Universidad donde corrí y jugué de niña por sus jardines esperando a mis padres para regresar a casa, a escasos metros de la Ciudad Universitaria, y trabajadora por más de dos décadas me siento libre y responsable para, en esta ocasión, dar mi criterio sobre lo que llamo “el espíritu de la universidad”.
El espíritu de la época es la traducción de la palabra alemana Zeitgeist. Dicho término fue difundido por Hegel (Diccionario Filosófico de Ferrater Mora). Hace referencia al conjunto de actitudes, valores y creencias dominantes vinculados de un modo esencial a una cultura o «pueblo» en un determinado período de su historia.
El espíritu de la época, comprende las características intangibles compartidas por la mayoría, creadas por los mismos que crean, y construyen a la ciudad, al colectivo. Reproducen todos los elementos en una gama única que compone el espíritu.
Lo preciso del término que acuño es la esencia vital de la misión que define el texto constitutivo: “Créase, con el nombre de Universidad de Costa Rica, una institución docente y de cultura superior que tendrá por misión cultivar las ciencias, las letras y las bellas artes, difundir conocimiento y preparar para el ejercicio de las profesiones liberales”.
Cultivar, difundir y preparar. Un orden como las partes del triángulo. Un orden exacto. Cultivo, difundo y preparo. En las últimas décadas, el “ Espíritu de la Universidad de Costa Rica” ha permanecido luchando contra sí mismo, en una infértil dicotomía de poder: de los que tienen el poder de sus estructuras administrativas y de los que no lo tienen.
Una energía de acoso laboral disfrazada de términos como los nombramientos interinos (explotación laboral), intolerancia al pensamiento diferente, amenazas laborales a los docentes que no están en los grupos élites en el poder. Generaciones que han tomado bajo una cofradía de similitudes pro sistema, donde la voz de eso que se llama cultivar y difundir ha sido disminuida, ha sido más que complaciente con el ejercicio desigual, corrupto y antidemocrático del poder de la sociedad costarricense.
Lo hablamos, lo sentimos, lo escuchamos, lo observamos, “el espíritu de la Universidad” lo conforman las emociones y preocupaciones de muchos que sufren las invisibles cacerías, y asechanzas contra disidentes de la élite. Todo conformando una frivolidad de nimiedades burocráticas, una frivolidad del conocimiento y de las Bellas Artes.
Quedan en la sombra del espíritu universitario los valores éticos y humanistas, la sensibilidad hacia la sociedad y la libertad de la expresión en el compartir con la sociedad.
El “espíritu universitario” necesita de volver a ver la esencia de su fundación, el compromiso humanista y artístico hacia sí y hacia la sociedad. Pero ante todo la tolerancia y el respeto interno de nosotros, las y los universitarios, docentes, estudiantes y administrativos, los que construimos, cultivando, difundiendo y preparando cada día el “espíritu universitario”.
 

Macarena Barahona