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Sábado 5 Abril, 2014

Los países escandinavos imparten estos conceptos elementales de color, textura, dinámica, estática, etc. a los niños preescolares


El diseño 

El diseño es como la ciencia de la física que tiene leyes  irrefutables y quienes se aventuran en este campo deben conocer estos conceptos o se convierten en “caprichosos” o “temperamentales” diseñadores que justifican sus arrebatos en el viejo estribillo de “el arte por el arte” y con ello salen del paso.
Es por esta razón que llama mucho la atención algunas universidades que imparten la carrera de arquitectura y que anuncian “carreras” en diseño de interiores, diseño de escaparates y hasta diseño de modas, las cuales no son carreras, sino especialidades de diseño en esos campos y llamarlas carreras no parece ser lo correcto.
La disciplina del diseño se conoce o no se conoce y la persona que sabe de  esta materia, conoce sus leyes y fundamentos. Conceptos que no son nada complicados. Tanto así, que Richard Redgrave, inspector general de arte, y Henry Cole, secretario del Departamento de Diseño, pensaron en introducir su enseñanza en las escuelas primarias de la Inglaterra posterior a la Revolución Industrial del siglo XIX y establecieron un premio para un juego de té de uso diario para la Gran Exposición de 1850.
Los países escandinavos imparten estos conceptos elementales de color, textura, dinámica, estática, etc. a los niños preescolares en lugar de ponerlos a dibujar al Pato Donald o a Mickey Mouse. De allí, la excelencia omnipresente del diseño en esos países.
Por eso es de toda lógica que un arquitecto puede diseñar un juego de té. Nada más recordemos a Peter Behrens, arquitecto a principios del siglo XX, que fue contratado por la AEG (Compañía Eléctrica Alemana, fabricantes de las locomotoras del ferrocarril eléctrico al  Pacífico de C.R.) para diseñar lámparas de iluminación de calles, “¿el nacimiento del diseño industrial?”, otra especialidad como lo puede ser el urbanismo o el paisajismo.
Es importante saber la diferencia entre conocer los principios básicos del diseño que le permiten al poseedor apreciar las bondades o los errores de una obra de arte, sobre todo si esta es abstracta y la aplicación de estos conceptos en el ejercicio de una profesión relacionada con el diseño, como la arquitectura, donde se impone todo un proceso de investigación, análisis y priorización de condicionantes para llegar a la solución.
Este proceso es tan lógico que es aplicable a la solución de problemas de diferente índole y como logística, se convierte en una estrategia.
Prueba de ello fue la contratación del Gobierno de los Estados Unidos de América, de un grupo de arquitectos profesores de la universidad de CALPOLY para el traslado y avituallamiento de tropas al Golfo Pérsico durante la guerra allí.
Interesante experiencia que abre nichos inexplorados para esta profesión y pone en evidencia su potencial para la planificación integral.
También existen experiencias similares pero no tan positivas, como aquella del Arq. Albert Speer, quien asesoró nada menos que a Adolph Hitler y se convirtió en su estratega. 

Manuel Gutiérrez R.

Decano, Facultad de Arquitectura, UACA