Enviar

Los procesos conflictivos mal manejados, como los que aquejan a Bolivia actualmente, dejan heridas más profundas que aquellos que se dan de manera más prudente

El diálogo evita el conflicto

En una paradójica situación está Evo Morales, presidente boliviano.
Por un lado se encuentra ante un conflicto que ha golpeado su imagen de defensor de los derechos indígenas y de la Pachamama (Madre Tierra en lengua aimara). Y por el otro lado tiene la presión de su poderoso socio, Brasil.
Ambiente y los derechos indígenas versus desarrollo: un escenario familiar para muchos latinoamericanos.
Unos 1.500 indígenas llevan más de un mes marchando hacia La Paz. Ellos protestan en contra de la decisión de construir una carretera de 360 km que cruzará el Parque Nacional Isiboro- Sécure, conocido como Tipnis, el cual agrupa una porción de Tierras Comunitarias de Origen (TCO).
En Bolivia, las TCO son un tipo de propiedad agraria, donde las comunidades indígenas desarrollan su organización económica, social y cultural comunitaria.
Los manifestantes se amparan en la Constitución Política boliviana, llevada adelante por Evo Morales en 2008, y que apunta el derecho de los indígenas a ser consultados cuando el Estado toma decisiones que afectan sus territorios, y que defiende la protección al ambiente como un deber constitucional.
En Bolivia hay 36 pueblos originarios. De estos, las comunidades de las zonas andinas (aimaras y quechuas) son férreos soportes de Morales, sin embargo, los 34 pueblos restantes, que son minoría, viven en la Amazonía boliviana, cercana a las regiones de Santa Cruz, Beni y Pando, pilares de la llamada Media Luna opositora.
Por esta cercanía, Morales ha tratado de desprestigiar a los defensores del Tipnis tildándolos de que responden a la “oligarquía” opositora.
Del lado de los ambientalistas la crítica va de la mano de estudios que muestran que se estaría dañando esa zona protegida.
La carretera por Tipnis fue adjudicada a la empresa brasileña OAS, la misma que trajo a Lula da Silva a Costa Rica, y cuenta con un 80% de financiamiento estatal brasileño.
Esta dicotomía a la que se enfrenta el presidente Morales no es ajena a nuestra realidad, pues conflictos como este se dan en otros lugares de Latinoamérica.
Algo importante, y que sería uno de los puntos que probablemente el presidente Morales no manejó bien, es que siempre debe existir diálogo, no solo cuando ya se ha generado un conflicto, sino desde la gestación de cualquier proyecto sensible.
En este diálogo deben participar todas las partes involucradas y no solo las fichas políticas y económicas. La sociedad, y en este caso los indígenas, sus derechos y opiniones, deben ser tomados en cuenta.
Los procesos conflictivos mal manejados dejan heridas más profundas que aquellos que se dan de manera más prudente. Lo complejo está en encontrar ese punto donde coincidir.
Ver comentarios