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Se deben promover intensos debates en todo tipo de foros para llegar a acuerdos nacionales

El diálogo calma la violencia

La tradicional paz de los costarricenses se alteró por hechos violentos en los últimos días. Quienes sienten que no son escuchados ni tomados en cuenta buscan espacios donde manifestar su descontento.
Esos costarricenses aprovechan circunstancias como el 1º y el 8 de mayo, en que se realiza el traspaso del poder, para externar con palabras y con hechos su necesidad de ser escuchados. Saben que en esas oportunidades tendrán mayor exposición nacional e internacional.
En realidad hoy no se necesitan fechas especiales ni presencia física extranjera para que los asuntos internos se ventilen internacionalmente. La inmediatez con que las noticias corren por el mundo tiene a los países y su gente continuamente sobre el escenario y capturados por cámaras de televisión o vídeos, oficiales y privados.
Pero no solo por eso debe atenderse el descontento y dirimirse las diferencias mediante acuerdos tomados en mesas civilizadas de conversaciones, es porque están en juego la paz y la democracia en el país.
Se han presentado otros signos de mucho descontento y situaciones violentas. Ocurrieron en Limón, en una universidad en San José y ante el fallo de la Sala Constitucional que le dio luz verde al proyecto minero Crucitas. Ocurrieron en la vía de Circunvalación, donde grupos de encapuchados interrumpieron el paso de los vehículos por varias horas.
Estas son clara evidencia de que en una parte de la población, que quedó fuera de la posibilidad de opinar e influir en la toma de decisiones, se radicalizan posiciones y se buscan otros espacios y hasta el uso de la violencia para ser tomados en cuenta.
Esto se presenta luego del referendum que terminó aprobando la firma del Cafta y de las elecciones presidenciales que dieron el gane a Laura Chinchilla que, según sus propias palabras, sería una continuidad de las políticas impulsadas por Oscar Arias.
Fueron decisiones populares en elecciones libres. A pesar de ello no son pocos los que quedaron inconformes y esa es una realidad que requiere atención. Ni se puede permitir la violencia que afecta a la ciudadanía ni se puede ignorar la urgencia de promover el diálogo abierto y flexible.
Si bien no se puede hablar de una escalada de violencia, sí hay síntomas de que esto podría ocurrir, se dice en un análisis publicado por este medio hoy.
Razón de sobra para saber que no se debe permitir que crezca este caldo de cultivo. Se deben promover intensos debates en todo tipo de foros, como es la práctica normal en cualquier democracia que se precie de serlo.
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