Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 9 Septiembre, 2015

Aylan Kurdi no fue un niño objeto. Es un niño símbolo. Y hay una gran diferencia

Hablando Claro

El Día del Niño

En realidad no es hoy. Fue la semana pasada. El mar devolvió a Aylan Kurdi de tres años y lo depositó en la arena turca de Bodrum para que el mundo fuera golpeado por la imagen más demoledora —de entre centenares de gráficas que, aunque durísimas, se habían hecho habituales— para dimensionar los horrores de este éxodo sin precedentes de la historia reciente.
En la misma barca naufragó su hermano Galib de cinco años, su mamá y ocho seres humanos más que buscaron a cualquier precio la libertad. Y el precio fue demasiado alto.
Abdulá Kurdi, sin nada más que perder, porque lo perdió todo en esa travesía, regresó a Kobane (Siria) a enterrar a los suyos.
Los cálculos conservadores estiman en 2.800 los ahogados en el intento de cruzar uno de los pasos de ingreso a la Unión Europa. Dicen que 366 mil desesperados migrantes y refugiados sí lo lograron. Con todo, se trata de una pequeña cantidad de sufrientes. Hay 10 millones de sirios desplazados por la violencia extrema del dictador y sus oponentes en los últimos años.
Pero también hay muchos otros refugiados de otras partes que huyen hacia el Viejo Continente en busca de pan y protección.
En esa perspectiva inmensa y horrorosa, ¿por qué la foto de Aylan Kurdi se convirtió en un tema de debate en muchas redacciones del mundo?
Para los periodistas el asunto resultó medular. Una cuestión ética básica nos exige no publicar imágenes de niños sin autorización de sus padres. En principio también quienes aspiramos a cumplir un código deontológico para hacer un ejercicio decente de nuestro oficio, no queremos ser parte de la exaltación del morbo que no abona o de la provocación lastimera que deja de lado el respeto a la dignidad y el dolor.
Las preguntas pertinentes en casos como estos siempre son: ¿estoy dispuesta a verme en el espejo después de esta decisión? ¿Lo haría si este niño fuera mi nieto? ¿Si luego de publicarlo, tengo que explicar mi decisión, tendría argumentos para hacerlo? ¿Esta imagen contribuye decisivamente a dimensionar lo que está pasando como ninguna otra podría hacerlo?, o bien, ¿puedo explicar lo mismo sin mostrar esa imagen?
En resumen, el interés público de este terrible hecho noticioso, ¿justifica la publicación de la fotografía del niño muerto en la playa?.
Particularmente me incliné por la foto del niño en brazos del rescatista. Pero acepto que la foto del niño devuelto por el mar era la foto pertinente de ese hecho.
Por lo demás, esa imagen de Aylan ha logrado agilizar decisiones de política pública en la Unión Europa, ha movilizado a millones de personas a dar donaciones, a ofrecer sus vehículos para transportar personas de un lado a otro, para saludar, para abrazar, para reconocer.
Ha hecho en definitiva que aquellos que no querían volver a ver hacia este drama humano que está lejos de resolverse y cuyas consecuencias y secuelas nos marcarán por décadas, hayan empezado a reaccionar, incluso al punto de que ya se habla de una zona de exclusión aérea en Siria, algo que las potencias no querían asumir.
Y es cierto que todo eso no lo logro solo la muerte y la imagen de Aylan Kurdi. Pero ese hecho fue decisivamente un elemento detonador. Y en ese ámbito Aylan Kurdi no fue un niño objeto. Es un niño símbolo. Y hay una gran diferencia.

Vilma Ibarra