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Miércoles, 15 de julio de 2020



COLUMNISTAS


El crimen del codo del diablo

Macarena Barahona [email protected] | Sábado 20 diciembre, 2014


Una cuestión de honor. Felicito a este brillante dúo de hermanos Jara Vargas


Cantera

El crimen del codo del diablo

Ayer, viernes 19 de diciembre, se cumplieron 66 años del terrible crimen político conocido como “El crimen del codo del diablo”, donde fueron asesinados seis ciudadanos por órdenes militares.
Escribe Carlos Luis Fallas: “En la noche del 18 de diciembre de 1948, con pretexto de la invasión iniciada días antes por fuerzas calderonistas desde territorio nicaragüense, y no obstante que Vanguardia Popular condenó esta aventura fueron sacados de la cárcel de Limón y esposados de dos en dos, seis hombres, cuatro de ellos conocidos y prestigiados dirigentes obreros, campesinos y comunistas de la provincia… Federico Picado, Secretario de la Federación de Trabajadores de Limón y diputado electo de las elecciones de Febrero de 1948 por el Partido Vanguardia Popular; Octavio Sáenz, dirigente ferroviario y responsable de organización del Partido en Limón; Tobías Vaglio, destacado dirigente de la huelga bananera de 1934 en el Atlántico y luego dirigente comunista de la región de Siquirres; Lucio Ibarra, dirigente también de la huelga de 1934 y luego organizador del movimiento campesino de la región de Guácimo. Además, un nicaragüense, de apellido Sotomayor, con quien tenía un choque personal el Comandante de Plaza del Puerto y Carlos Aguilar, de Guápiles, a quien se sacó confundiéndolo con el dirigente obrero Fernando Aguilar”.
Carlos Luis Fallas escribe varios artículos de análisis político y sobre este crimen, para el periódico Libertad, órgano de prensa del Partido Vanguardia Popular, y memoria cultural y política de las luchas campesinas, obreras y de trabajadores donde este partido, sus dirigentes y simpatizantes estuvieron. Memoria como la de estos costarricenses asesinados con sus esposas puestas en el cauce del río Reventazón.
Y haciendo síntesis de este horrendo complot, al bordear el Cerro del Diablo en la milla 41, donde la línea hace una curva cerrada que se conoce como el Codo del Diablo, el motocar se detuvo. El capitán Manuel Zúñiga Jirón ordenó a los presos políticos bajarse y con una ametralladora Niehausen asesinó a sus víctimas, los presos políticos Picado y Sáenz fueron “rematados” con tiros de revolver por Luis Valverde.
Es de comprender que estos asesinatos no fueron tratados con la justicia imparcial ni la probidad del derecho, por el sistema judicial de la época, marcado por el predominio de la junta militar figuerista y de ascendiente anticomunista, donde las sentencias no se cumplieron, nadie fue a la cárcel y los verdaderos homicidas se escondieron bajo la misma autoridad política.
El impacto de estos crímenes, como asegurar por medio del terror y el miedo a la participación de los trabajadores de la zona atlántica, a la organización sindical y al Partido Vanguardia Popular, no creo que se cumpliera.
Lo que sí da resultado es que la memoria se eleva con dignidad años después, sin miedo y el documental “El crimen del codo del diablo”; de Ernesto y Antonio Jara Vargas, se presenta con valentía y con belleza estética.
Nos narra la historia de estos crímenes, en un lenguaje cinematográfico de alta emoción y ante nuestra perplejidad, se reconstruye de la nada en la conciencia cívica del costarricense una historia profundamente humana, con calidades de compromiso de clase y conciencia lúcida de trabajadores, que luchan por mejores condiciones de vida para sus compatriotas, esta fue su culpa.
Fue una sentencia de muerte impuesta desde la autoridad política de la época.
El documental se construye a dos manos y en el sentido más hondo, entro lo político y lo humano, entre lo familiar y lo social, entre el silencio de los años y la memoria viva de viudas, hijos, nietos. Entre el horror y el amor.
Porque este documental está hecho con amor, con ternura, para que el horror de los abusos, de la arbitrariedad, de la ilegalidad y el despotismo de la impunidad, no nos asqueen y quede esta lección de decencia, esta llamada para la memoria viva y el no olvido. Una cuestión de honor. Felicito a este brillante dúo de hermanos Jara Vargas.
 

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