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Salvar el planeta es más barato que aniquilarlo, ha dicho el presidente Arias. Pero todo dependerá de si eligen la vida o la muerte quienes toman las decisiones

El coraje de enmendar el rumbo

Es de trascendental importancia el discurso que el presidente Oscar Arias pronunció el martes anterior ante la Asamblea General de Naciones Unidas, como representante de los países ahora llamados de renta media.
En torno al grave problema del cambio climático las palabras de Arias han repercutido en todo el mundo. Dijo hablar como integrante de “una especie prodigiosa en el último peñasco de su supervivencia”… que nos pide “que tengamos el elemental coraje, de escoger la vida por sobre cualquier desacuerdo”.
“Espero, eso sí, que las naciones que más han contribuido a crear este estado de cosas, y que más provecho han derivado de un desarrollo insostenible, tengan también la hidalguía de ser hoy las más dispuestas a enmendar el rumbo y prestar una mano solidaria”, dijo.
Salvar el planeta es más barato que aniquilarlo —agregó—, pero señaló que los países ricos no están dando lo que se habían comprometido a dar para colaborar con el desarrollo de los más pobres. Y de lo que están asignando dijo que es una ayuda “errática, casuística y ayuna de prioridades y pensamiento estratégico”.
Recordó el mandatario que tenemos solo unos ocho años para intentar revertir el daño al medio ambiente y al planeta y que “la experiencia exitosa en un rincón del mundo debe ser imperativo categórico en el otro”.
Precisó Arias entre otras cosas que debemos idear la manera de traer el precio de las energías renovables a un nivel accesible para las naciones en vías de desarrollo, y que tenemos que mejorar sustancialmente la eficiencia de nuestro consumo energético actual.
Con respecto a los presupuestos militares, pronunció frases fuertes como que “de nada nos servirá contar con submarinos nucleares cuando el océano sea una pila ardiente, con helicópteros artillados cuando el cielo sea una nube negra, o con misiles que no tendrán en la mira más que cucarachas en el desierto”. Y agregó que por todo esto “debemos repensar la forma en que vivimos y nos desarrollamos”.
Todo esto obliga a cambiar muchas cosas a lo interno de nuestro país también. Cada individuo, desde su posición familiar, empresarial, laboral o social tiene una tarea ineludible en este sentido. Costa Rica desde hace mucho eligió la vida, no la muerte; la solidaridad, no el egoísmo. Ahora debe renovar ese compromiso y ponerlo en práctica de nuevo.
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