Humberto Pacheco

Humberto Pacheco

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Martes 13 Noviembre, 2012

En la sociedad soviética había solo dos clases: la autonombrada élite gobernante, que llegó al poder por las armas y vivía en un lujo oriental, y el pueblo oprimido


TROTANDO MUNDOS

El Comunismo III… y último

En la anterior columna La República metió la pata al ignorar las itálicas en que pusimos el texto recibido de la Embajada rusa, por lo que sí a alguien se le dificultó la lectura, escríbanos y con gusto le mandaremos una copia correcta.
Lo importante de este asunto no es que don Yuri y sus compañeros se hayan equivocado pensado que no habíamos estudiado las teorías de Marx, Engels y Lenin. Ni siquiera el que presumieran erroneamente que no conocíamos de primera mano la Unión Soviética de entre los años 70 y 90 y la pobre calidad de vida que allí se vivía- ni por asomo comparable con la norteamericana. Lo grave es que pretendan desconocer que allí no existía libertad individual de pensamiento, palabra y obra, el más preciado derecho humano. Ese mismo derecho que descalifica al comunismo para ser considerado a la hora de escoger el camino más justo del desarrollo de la sociedad humana, para parafrasear al señor Khlebnikov.
En la sociedad soviética había solo dos clases: la autonombrada élite gobernante, que llegó al poder por las armas y vivía en un lujo oriental, y el pueblo oprimido al que le esperaban los gulags cuando osaba siquiera quejarse de algo. Las pruebas abundan. Lo grave es que después de que cae la Unión Soviética, deshilachada por la corrupción, la poca libertad que se logra se va perdiendo de nuevo al retomar la KGB el mando y la hegemonía política de ese gran país. Los ejemplos están a la vista de quien los quiera ver. El problema lo tienen quienes prefieran ignoralo.
Hasta en las grandes empresas se siente de nuevo la mano estatal. En Rosneft el poder lo ejerce un militar- Igor I. Sechin- del grupo de los siloviki o “los fuertes”. Con el apoyo de Putin ha virtualmente expulsado a British Petroleum de Rusia.
Ni que hablar de Free Pussy! Unas chiquillas apresadas, no por cantar en una iglesia ortodoxa griega, sino por cantar que se fuera Putin. Cuando mucho, sí los religiosos se quejaron, procedía una multa. Pero el mensaje está muy claro. El gobierno está encarcelando a la oposición para silenciarla.
Nos intriga saber como explican nuestros interlocutores los arrestos y persecusión de Sergei Udaltsov, Konstantin Lebedev, Leonid Razvozzhaev, Aleksei Navalny- crítico de la corrupción- y Kseniya Sobchak, casos típicos de endurecimiento de la campaña policial contra los críticos de Putin. Para Udaltsov hasta se está mencionando prisión de por vida por organizar manifestaciones contra Putin. También podrían explicarnos porque está libre el Fiscal General Bastrykin, que amenazó con matar a un editor periodístico por un artículo que no le gustó y siguió tan campante.
Podríamos seguir pero estamos totalmente seguros de que los funcionarios de la Embajada rusa conocen perfectamente estos y otros casos y han sido adoctrinados para darles explicación. Nada nuevo.
Reiteramos que lo que es muy evidente es que el comunismo está tomando fuerza otra vez. Eso significará la pérdida de libertad para todos aquellos países a los que llegue, aunque sea mediante elecciones que simulan ser libres.

Lic. Humberto Pacheco A., M.C.L.
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