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La corrupción es un tumor maligno diseminado por todo el mundo, sin importar dónde se iniciaron las primeras células letales, y se debe proceder con fuerza y decisión para extirparlo

El cáncer de la corrupción

El 9 de diciembre fue declarado Día Internacional contra la Corrupción por parte de la Asamblea General de Naciones Unidas, desde octubre de 2003. Costa Rica ratificó ese texto en diciembre de 2006.
Llegar al punto de tener que declarar un día de cada año como el símbolo de la lucha contra la corrupción, es la mayor e incuestionable demostración de esta especie de cáncer que sufre la democracia y que amenaza con destruirla. Es un tumor maligno diseminado por todo el mundo, sin importar ya dónde se iniciaron las primeras células letales, y se debe proceder con fuerza y decisión para extirparlo.
Este año el tema es “No permitamos que la corrupción mate al desarrollo”. En efecto, no podrá haber desarrollo en aquellos países donde persista la grave enfermedad. Los causantes del mal deberán ser aislados y sometidos a “quimioterapia y radioterapia”.
La corrupción es una parte del deterioro sufrido por la democracia, que a toda costa debemos revitalizar y volver a convertir en la fuerza inspiradora de las juventudes que, a su calor, maduran sólidas, honestas y capaces de construir sociedades y países saludables y prósperos.
La corrupción ha penetrado todos los estratos de la sociedad y sus células malignas dañan todo lo que tocan. En algunos sitios crece incentivada por el ejercicio del poder de unos pocos para unos pocos. Eficiente fórmula para llegar a la violencia y la pérdida de la democracia.
Ningún país que aspire a un desarrollo sostenible, a la paz social, a una mejor calidad de vida de su gente podrá soslayar la urgente necesidad de luchar un día sí y otro también, sin tregua, para acabar con la corrupción.
Ningún político, funcionario, empresario o ciudadano de cualquier esfera de la sociedad puede sentirse libre del deber de luchar contra la corrupción. Será la tarea de todos porque sin ella no podrá haber ningún progreso, ninguna esperanza para quienes inician su camino por la vida y esperan que quienes la han transitado antes les dejen una ruta libre de metástasis del nefasto cáncer.
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