Bruno Stagno

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Lunes 10 Marzo, 2014

No es de sorprenderse que Putin hoy se alza con dos piezas de mayor valor estratégico en Ucrania: Crimea y Sebastopol


El ajedrez geopolítico de Putin

Desde Botvinnik a Kramnik, pasando por Karpov y Kasparov, y con la notable excepción del excéntrico Bobby Fischer, casi todos los grandes maestros del ajedrez desde la Segunda Guerra Mundial han sido de Rusia o la otrora Unión Soviética.
Hoy, Rusia tiene el único jefe de estado o de gobierno que es un verdadero maestro del ajedrez geopolítico: Vladimir Putin simplemente no tiene rivales de talla y lo sabe.
Ya en 1992, Rusia empezó a menoscabar la integridad territorial de la más ínfima de las antiguas repúblicas soviéticas, Moldavia, al apadrinar las fuerzas secesionistas de Transdniestria.
Esta pseudorrepública independiente de 4.163 kilómetros cuadrados y 510 mil habitantes, ubicada sobre la margen este del río Dniéster, solo existe gracias a Rusia. Como ha declarado la Corte Europea de Derechos Humanos, Transdniestria se encuentra “bajo la autoridad efectiva o al menos la influencia decisiva de Rusia” en razón, entre otros, de una mínima presencia y asistencia militar del Kremlin.
Aunque Putin en ese entonces era un asesor externo del alcalde de San Petersburgo, probablemente encontró que la ocupación y secesión de Transdniestria ofrecían un plan y un guion a seguir en otros rincones de la antigua Unión Soviética.
En 2008, valiéndose de un primer tiro muy desafortunado del Presidente Mikhail Saakashvili de Georgia, Putin aprovechó la tensa situación para invadir Georgia y cercenarle las pseudorrepúblicas independientes de Abjasia y Osetia del Sur.
Con 8.660 y 3.900 kilómetros cuadrados y 243 mil y 55 mil habitantes, respectivamente, estas nuevas dependencias de Rusia aún se mantienen con vida gracias al Kremlin.
Ni la Unión Europea, la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa o las Naciones Unidas han logrado —ni realmente intentado— restituir la integridad territorial de Georgia.
Con tres alfiles a su haber, y sin que nadie haya movido una sola pieza en respuesta, no es de sorprenderse que Putin hoy se alza con dos piezas de mayor valor estratégico en Ucrania: Crimea y Sebastopol.
La primera, es política y geográficamente la pieza maestra, con sus 26.100 kilómetros cuadrados y 2 millones de habitantes. La segunda, a pesar de su extensión de apenas 864 kilómetros cuadrados, es la base inexpugnable de la flota rusa del mar Negro.
El plan y el guion parecen repetirse, aunque cada vez con movimientos más osados. Y aún quedan muchos otros territorios que potencialmente podrían estar en la mira de Putin en Ucrania: desde Odessa (contigua a Transdniestria) hasta Donetsk sobre el mar Negro hasta Kharkiv en el noreste.
Mucho dependerá de cuán rápidamente el gobierno interino, y gobierno electo tras las elecciones del 25 de mayo próximo, logran estabilizar la difícil situación política y económica interna.
Desde el punto de vista económico, sólo podrán hacerlo con un urgente “Plan Marshall” de Occidente. Políticamente, dependerá de si Occidente se decide al fin a jugar ajedrez con Putin.

Bruno Stagno Ugarte