Bruno Stagno

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Lunes 12 Septiembre, 2011


El águila y el dragón

El supuesto decaimiento de Estados Unidos y surgimiento de China es un tema que está de moda. La única verdadera incógnita del relevo entre las dos potencias parece ser la fecha en que ocurrirá, no si se producirá.

Pero Estados Unidos aún tiene un privilegio que China nunca tendrá: una geografía inmediata propicia a la prolongación, aunque no a perpetuidad, de un balance estratégico favorable. Estados Unidos solo tiene dos fronteras terrestres y tres marítimas. China, en cambio, tiene 14 frentes terrestres y cuatro en altamar. Con la única excepción de Cuba susceptible a cambiar cuando termine el régimen de los Castro Ruz, Estados Unidos mantiene excelentes relaciones con todos los países con los cuales tiene contigüidad o vecindad geográfica. Aunque las relaciones con Rusia son obviamente más complicadas en razón del legado de la Guerra Fría, a futuro el Kremlin necesitará a Washington para reequilibrarse frente a Beijing. Solo dos vecinos de Estados Unidos son miembros del G-20 y ninguno tiene armas nucleares o incluso capacidades militares convencionales remotamente comparables. Además, ninguno representa en la actualidad una amenaza a la seguridad internacional.
China, en cambio, comparte fronteras con cuatro países que tienen armas nucleares y otros más con capacidades militares convencionales importantes. Colinda con Rusia, el país de mayor extensión geográfica del mundo, y con India, el segundo con mayor población y potencialmente el primero en espacio de unas dos décadas. Tiene en su vecindario a cuatro miembros del G-20 y contigüidad con varias situaciones que actualmente figuran entre las principales amenazas a la seguridad internacional (Afganistán, Corea del Norte, Paquistán) o que lo son potencialmente, incluyendo la guerra fría en Jammu y Cachemira. Además, enfrenta una tensa situación en el Estrecho de Taiwán y, contrariamente a Estados Unidos, recurrentes reclamos de autodeterminación en los confines más occidentales de su territorio.
Estados Unidos ha oscilado entre el destino manifiesto que impulsa sus mejores y peores instintos para emprender aventuras lejanas, al aislamiento espléndido mediante el cual reagrupa sus fuerzas. Hasta la fecha, China ha privilegiado la no intervención en los asuntos ajenos. Pero así como las guerras lejanas iniciadas por el Presidente George W. Bush terminaron minando, entre otros factores, el erario público en Estados Unidos, China probablemente no tendrá el dudoso privilegio de emprender aventuras remotas ante la complejidad y proximidad de las amenazas, incluso asimétricas, evidentes y latentes en sus cuatro frentes.
El águila calva está sin duda alguna bastante cansada y desplumada. Pero el dragón, apenas salido de su guarida, pronto tendrá que hacerle frente al alto costo de mantener el orden en su geografía más inmediata. Contrariamente a Estados Unidos, que tenía la opción de sobre-extenderse o no, China difícilmente podrá escapar a las consecuencias de su geografía.

Bruno Stagno Ugarte
Executive Director
Security Council Report