Mónica Araya

Mónica Araya

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Viernes 25 Diciembre, 2015

El Acuerdo de París nos toca a todos

El Acuerdo de París tiene como base compromisos climáticos autodefinidos por cada país así como un modelo de ejecución transparente. Es decir, países diversos como Costa Rica, China o Marruecos definen el alcance de su plan climático pero seguirán “reglas del juego” vinculantes. El gran énfasis en la transparencia crea una oportunidad sin precedentes para la ciudadanía al establecer condiciones para la rendición de cuentas a nivel doméstico.
Es un giro fundamental —y necesario— con respecto al modelo del siglo pasado, el Protocolo de Kioto, que imponía verticalmente las obligaciones y lo hacía solo para los países industrializados.
Dado que hoy dos tercios de las emisiones provienen de los países en desarrollo —sobre todo las economías emergentes de China, India, Indonesia y Brasil— un reto fundamental en el camino a París era garantizar compromisos universales que fueran aceptables por los países más poderosos del planeta así como para los países más pequeños y vulnerables. Que el 12 de diciembre se pusieran de acuerdo es sin duda un logro político.
En Costa Rica es vital que la ciudadanía se apropie de objetivo del acuerdo. Apropiarnos es viable ya que el acuerdo, en esencia, impulsa transiciones domésticas hacia la energía renovable. Costa Rica ya tiene el camino avanzado y posee el talento y la voluntad para completar dicha transición. Sin duda, un país de 5 millones y una electricidad un 99% renovable en 2015, puede llegar a ser el primer país del mundo que deja atrás el petróleo.
Unos países irán más rápido (Suecia ya anunció que quiere dejar atrás los combustibles fósiles), otros se preparan (países OPEC que empiezan a apostar a las renovables) y una minoría aún se resiste al cambio. Por ejemplo, Arabia Saudita no dudó ser la voz más obstruccionista en París y el país menos solidario —a pesar de su riqueza— de cara a las necesidades de decenas de pequeñas islas y países pobres y vulnerables a los impactos.
Pero la dirección es inequívoca y hasta Arabia Saudita lo sabe. Por lo tanto en Costa Rica lo que queda por explicar a los ciudadanos es que tenemos muchísimo por ganar si llegamos a vivir en una nación “100% renovable”. Como sabemos esto solo será posible si entre todos transformamos la agenda urbana, en particular nuestro modelo de movilidad que hace aumentar las emisiones de carbono debido al aumento insostenible de carros privados y motos como parte de modelo de transporte público anclado en el pasado.
Además del tema de emisiones, el Acuerdo de París hizo un giro que tenía pendiente la comunidad internacional: dar una nueva atención a la realidad de los impactos climáticos. Estos ya se sienten en el mundo y tendremos que adaptarnos a los mismos si queremos proteger vidas, ecosistemas e infraestructura.
El acuerdo ofrece lo que necesitamos en Costa Rica para ejecutar nuestra propia agenda al pedir que los demás países ejecuten planes para reducir las emisiones que generan el cambio climático, mejoras cada cinco años y compromisos de transparencia, adaptarnos a impactos climáticos creando planes nacionales para la adaptación y la presentación de acciones concretas para solicitar apoyo externo, mejorar el mecanismo para lidiar con “pérdidas y daños” frente a los impactos climáticos y conformar mecanismos de apoyo a los países que lo soliciten.
El Acuerdo será depositado en la ONU en Nueva York y quedará abierto a su firma a partir del 22 de abril 2016 —Día de la Tierra— por un año. Entrará en vigor cuando 55 países que representan al menos el 55% de las emisiones globales hayan ratificado.

*Costa Rica Limpia

Mónica Araya