Luis Alejandro Álvarez

Luis Alejandro Álvarez

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Miércoles 31 Enero, 2018

El voto del domingo

La campaña más inusual de la historia concluye.

Valoremos las propuestas, las personalidades de los candidatos y cómo se han preparado sus partidos para eventualmente asumir las riendas de un país que no está en sus mejores momentos.

El candidato oficial nos propone dar continuidad al cambio, que votemos por el futuro, que no nos aclara bien cuál es. Arrastra el desgaste de cuatro años de gobierno. Nos incluye en la campaña el amor y pide que votemos con él.

El candidato del PLN, rígido y que no cuenta con el apoyo completo de su partido, hoy es más grande que su representante. Se presenta como alguien con experiencia y acompañado de un buen equipo económico. Pero desafortunadamente ese equipo ha sido parte de quienes colaboraron a que el déficit esté donde hoy está.

El colega del PIN, que irrumpe en la campaña en un partido sin estructura, y que ante la carencia de equipos y cuadros de trabajo, incluso anunció que llamaría al vicepresidente de su acérrimo contrincante y excompañero de partido, como eventual jerarca para el Ministerio de Hacienda.

Las diferencias entre estos dos candidatos han dado a la campaña un sabor amargo, y los comentarios gratuitos, fuera de tono, groseros, y algunos sin fundamento alguno no han aportado nada a una discusión de altura de los problemas nacionales.

El candidato que se elevó en intención de voto con el impulso dado por la OC-24 de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, nos tiñó la campaña con temas religiosos, buscando convertir el acto cívico del voto en un tema de fe, lo cual se acentúa al carecer este partido del equipo y la estructura que garanticen la conformación de un gabinete, y resto de nombramientos, con personas que sean parte del proyecto político que representa.

El candidato del expresidente Calderón, luego de haber negado cualquier influencia suya, renegado de su nombre, hoy lo presenta como escudo de garantía de sus principios.  Aunque con una credibilidad dañada por sus renuncias del pasado, busca adueñarse del lema de las “manos límpias” del expresidente Trejos Fernández, y que no ha logrado convencer a suficientes ciudadanos como para impulsar al neorrepublicano a una segunda ronda.

El Frente Amplio, con un candidato que buscó presentarse como el igual del excandidato, y  exdiputado, que aspira nuevamente a llegar al Congreso, sin efecto alguno, confirmando que la popularidad propia no se endosa, ni es trasladable a terceros. Hoy lejos de la pujante opción que fueron en 2014.

El PUSC, con el expresidente de la CCSS de candidato, y sin ataques personales a los candidatos, se ha mantenido constante anunciando su mensaje, y se ha presentado ante los electores con un partido renovado. Presenta un equipo económico que para quienes consideren este uno de los temas de mayor importancia, le da credibilidad por componerse en parte por aquellos que fueron parte de las dos últimas administraciones de su partido y que dejaron al país sin un déficit fiscal al terminar la gestión en 2006.

Los otros candidatos no tienen posibilidades reales de salir victoriosos. Algunos utilizan su candidatura con la aspiración real, y que es la que las motiva, de llegar a Cuesta de Moras, o pasarle la antorcha a alguno de sus colaboradores  al haberlo logrado hace cuatro años.

Hoy hay mucho en juego, estamos ante una de las elecciones más importantes y relevantes de la historia de Costa Rica, y tenemos la obligación de escoger.

Somos una de las democracias más longevas del mundo, y hemos dado cátedra al mundo con nuestro sistema de controles al ejercer el sufragio.

No hay argumento alguno lo suficientemente válido para no cumplir con ejercer el voto.

El voto del domingo es un compromiso con nosotros mismos, con nuestra familia, y con Costa Rica.