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Martes 10 Febrero, 2009

El valor y el precio de la confianza


Para los que llevamos años trabajando en el ámbito de la calidad y de su estructuración a escala país, la confianza en las transacciones comerciales ocupa una posición preeminente. Nada tan valioso como un proveedor de confianza para asegurar la calidad de productos y servicios a precios adecuados en marcos de relación de largo plazo. Y en tiempos revueltos, como los actuales, todos buscan la confianza como base firme para el aseguramiento, especialmente cuando los proveedores se encuentran en mercados lejanos, muy distantes de los clientes.
Las que técnicamente se denominan actividades de evaluación de la conformidad permiten ofrecer confianza cuando se encuentran bien estructuradas, tal como las buenas prácticas internacionales establecen.
Como bien saben los gerentes de las empresas, sin ser ninguna ciencia esotérica, la confianza tiene un precio —no es gratuita—, pero que es indiscutiblemente menor que el de la desconfianza. Controlar un proceso o una compra desde la perspectiva de la desconfianza es, en efecto, enormemente más caro.
Toda la filosofía subyacente al aseguramiento de la calidad, es decir, las certificaciones de calidad de producto o de servicio o de sistemas, refleja ese principio.
Como consecuencia de ello, un proveedor de poca confianza no dispuesto a ganársela o que muestre reiteradamente su incapacidad, requerirá evaluaciones más frecuentes e intensivas, en definitiva, más costosas. Un proveedor de confianza por el contrario gozará de un trato acorde y requerirá menos inspecciones, que poco valor agregan.
La identificación de un socio comercial como China para un eventual TLC obligará a Costa Rica a replantear sus esquemas de vigilancia de mercados. Se trata de un socio manifiestamente no confiable hoy, cuyas autoridades estimulan la producción y exportación de productos baratos sin control de calidad, que llegan a mercados poco regulados con altas probabilidades de ser colocados entre consumidores poco exigentes. Si esos productos pueden afectar la seguridad o la salud personal o el medio ambiente o inducen a error al consumidor, nos vamos a encontrar con problemas serios.
La recogida mundial de juguetes fabricados en China con plomo, los casos de jarabes y pastas dentríficas con dietiléngicol de origen chino, el caso de la leche en polvo para bebés y los confites con melamina, los productos eléctricos chinos a diario retirados por miles en Estados Unidos, ponen de manifiesto que el comercio chino no es fiable. De ahí la vigilancia que en la OMC se sigue año tras año tras su incorporación a fines del 2001 a esa organización. Pero más allá de eso, ponen de manifiesto que Costa Rica tendrá que pagar por establecer unos controles de importación, que hasta ahora no ha sido tan urgente establecer aquí al tratar con otro tipo de socios, y que China no ha estado ni parece estar dispuesta a hacer en origen todavía.
La desconfianza saldrá cara y si ofrecemos gratuita la confianza, el riesgo puede ser enorme. Hay cientos de vidas perdidas en Panamá y en Haití por el uso de productos de fabricantes chinos desaprensivos incontrolados y por no haber dispuesto esos países de mecanismos de captura de esas importaciones. Costa Rica tampoco los tiene hoy ¿Habrá que esperar a que haya muertos en Costa Rica para que el gobierno entienda el costo asociado?
Solo los necios confunden valor y precio, dice el proverbio. Este gobierno da un giro al comercio exterior de Costa Rica al supeditarlo a intereses no comerciales y pareciera ignorar el valor de la confianza y el precio que el país pagará por ello. La confianza no la aportan los tratados ni las negociaciones, la aportan acciones positivas, los hechos ¿o es que Chile no tuvo que retirar los juguetes chinos de su mercado, por tener un TLC con China?
Nuestras autoridades deberían evitar frivolizar con el tema y más bien explicar qué planes tienen para impedir que esos hechos se lleguen a dar en nuestros mercados domésticos: cómo controlarán los cables y equipos eléctricos defectuosos que propician incendios, cómo garantizarán a la población la inocuidad de los alimentos, medicinas, cosméticos y sus materias primas procedentes de China, cómo harán para asegurar que los productos que ingresen al país no dañen a nuestros hijos. Y además ¿quién pagará por todo ello?

Juan María González
Presidente de la Cámara de Industrias