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Viernes, 19 de julio de 2019



COLUMNISTAS


El TEC se supura en cantidad y calidad

Miguel Angel Rodríguez [email protected] | Lunes 17 junio, 2019


Tuve el gusto de visitar el Instituto Tecnológico de Costa Rica y apreciar los grandes avances en su cobertura educativa y en la cantidad y calidad de sus investigaciones.

Por invitación del Sr. Rector Dr. Julio Cesar Calvo visité el campus del TEC cuando llega a su fin su segundo período. Lo hice con especial cariño, pues como Ministro de Planificación del Gobierno 1966-1970 tuve el honor y el privilegio soñar y trabajar en la propuesta para su creación.

El gobierno del profesor José Joaquín Trejos -entre sus muchos méritos y logros- brilló también en el campo de la educación, como era de esperarse de una Presidente que salió del aula universitaria a la Presidencia de la República.

El diputado Trino Zamora Jiménez presentó un proyecto de creación del Instituto Politécnico Nacional que fue tomado en cuenta en la elaboración de la propuesta del gobierno, y los diputados cartaginenses Lic. Jorge Luis Villanueva Badilla y Dr. Fernando Guzmán Mata sensibilizaron la opinión pública respecto a este importante proyecto.

La Oficina de Planificación con el impulso del Ministro de Educación Guillermo Malavassi, inició los estudios y contó con el aporte de expertos internacionales como el Dr. Jacinto Hermida Asesor del Ministerio de Trabajo de España en la ODECA y del Ingeniero Manuel Zorrilla facilitado por el gobierno de México para asesorar al Consejo Superior de Educación.

Se contó con un importante aporte del Ing. Rafael W Keith, y la tarea de su redacción en la oficina de planificación tuvo esenciales contribuciones del Lic. Juan Luis Valle.

Antes de ser presentado a la Asamblea Legislativa, don José Joaquín lo sometió a los Ministros de Trabajo y de Educación Pública, y este último lo llevó al Consejo Superior de Educación, que en 15 sesiones lo estudió y aprobó. Con leves modificaciones esa fue la versión que tuve el honor de presentar a la Asamblea Legislativa para la creación del TEC.

Concebimos entonces al Instituto Tecnológico de Costa Rica como “un agente de cambio por la incorporación sistemática y continua de nueva tecnología al proceso productivo agrícola e industrial”.

Previmos que una de sus más importantes tareas iníciales sería transformar la cultura prevaleciente, en la cual imperaba lo que don Rafael Keith llamaba “el analfabetismo tecnológico de nuestros intelectuales”.

Señalé en la exposición de motivos que: “una de las graves deficiencias en el sistema educativo es la falta de un sistema de enseñanza técnica bien organizada y desarrollada en todos sus niveles” El TEC era la llave para poder -con base en la excelencia académica tecnológica- vertebrar y dirigir la enseñanza técnica.

Por eso aun cuando era evidente que en sus inicios la formación de técnicos medios sería su primera tarea, el ITCR nacía para formar ingenieros y trabajar en posgrados y en investigación.

Señalamos que para enfrentar los retos del cambio constante del conocimiento y de la necesidad de también generarlo para nuestras condiciones, era indispensable “un régimen educativo de primera calidad” sin limitaciones en cuanto a los niveles académicos que debiera alcanzar.

Ahora encontré un TEC maduro que es orgullo para el país, llamado a seguir desempeñando cada día más, un papel de enorme importancia para el progreso nacional.

El crecimiento en las instalaciones de su campus en Cartago, la expansión de las de San Carlos (evolución de la Escuela Técnica de Agricultura de Santa Clara también creada en esa Administración con un proyecto de la Oficina de Planificación) y San Carlos y la creación del campus de Limón han permitido una expansión del número de alumnos desde 2011 de un 36%, con lo cual se le da la posibilidad de seguir las carreras que imparte a 3.594 estudiantes adicionales para su superación y para su importante aporte al desarrollo.

La profundización de su calidad académica se nota en el aumento de publicaciones de su profesorado en revistas indexadas que de 21 en 2011 llegó a 108 en 2018.

La calidad y variedad de sus investigaciones es impresionante. Ya el año pasado tuve la oportunidad de comentar el gran logro del Proyecto Irazú al realizar con éxito la puesta en órbita del primer satélite centroamericano, y de recoger y dar seguimiento diario a la creación de biomasa en relación a variables climáticas y ambientales, en una plantación forestal de una región alejada del trópico. Con esto se desarrolló capacidades de tecnología espacial en una nación sin experiencia previa en este campo. Ahora se cuenta con información para nuevas investigaciones y pude ver como se continua recolectando otra información del satélite que sigue en órbita.

En el campo ambiental pude escuchar los resultados de la investigación aplicada para la promoción y desarrollo de tecnologías limpias, incluso con impacto en otros países centroamericanos y en Chiapas. Para dar ejemplo, su bello y arborizado campus de Cartago es carbono neutral y ha recibido galardones ambientalistas nacionales y extranjeros. En alianza con sectores productivos han desarrollado varios proyectos, como por ejemplo para fabricar cargadores eléctricos residenciales para vehículos y el desarrollo de electrónica para la gestión de microrredes eléctricas con fuentes renovables.

No vi, por supuesto, todas las áreas de investigación. Pero no puedo dejar de mencionar lo mucho que me impactó el maravilloso trabajo para usar la tecnología en favor de la accesibilidad y la inclusión. Por ejemplo construyendo un Editor de Legua de Señales para facilitar que quienes no sabemos lesco podamos comunicarnos con su idioma con las personas con problemas de audición, mediante un avatar. Claro que me conmovió que este valiosísimo proyecto tuvo importante impulso del Centro Nacional de Recursos, que durante nuestra administración -con el liderazgo de Lorena- se estableció a la vera de la Escuela Centeno Güell. También los trabajos que están realizando para apoyar a nuestros compatriotas indígenas en el uso de sus lenguas, y para facilitar a personas con dificultades visuales el manejo de la simbología matemático –científica.

El siglo XXI con la Revolución 4.0 nos exige cambios dramáticos para asegurar el mayor bienestar para los costarricenses. Ahora la matemática, como lenguaje, y la ciencia y la tecnología, como contenidos, deben ser el núcleo de la formación para los nuevos trabajos en la economía de la robótica, la inteligencia artificial, las empresas colaborativas, el internet de las cosas. Y esa formación no es ya una etapa de la vida de las personas, sino una constante a lo largo del desarrollo de las actividades laborales.

El TEC debe ser apoyado para que cada día pueda contribuir más al cumplimiento de esa tarea fundamental.




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