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El sorprendente origen del letrero de Hollywood que cumple 100 años (y no tiene nada que ver con el cine)

Leire Ventas - Corresponsal de BBC News Mundo en Los Ángeles | Viernes 08 diciembre, 2023


Un cartel anuncia la apertura del desarrollo de viviendas Hollywoodland en las colinas de Mulholland Drive con vistas a Los Ángeles, Hollywood, Los Ángeles, California, alrededor de 1924. El edificio blanco debajo del cartel es la Galería de Arte Kanst, que abrió sus puertas el 1 de abril de 1924.
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Esta es la historia de un ícono por accidente.

Porque a diferencia de la Estatua de la Libertad, el Monte Rushmore u otros monumentos estadounidenses, el letrero de Hollywood, emblema sin igual de Los Ángeles, la imagen más buscada por los turistas, estampa ubicua de gorras, tazas y camisetas, no nació para convertirse en símbolo de nada.

Es más, cuando el 8 de diciembre de 1923 las 40.000 bombillas que lo adornaban empezaron a iluminarlo por segmentos, de forma alterna, lo que en realidad los angelinos pudieron leer en la ladera del monte Lee fue:

HOLLY… WOOD… LAND… HOLLYWOODLAND

El letrero iluminado de Hollywoodland por la noche en Mount Lee en Hollywood Hills, con vistas a Hollywood en Los Ángeles, California. La parte "tierra" del letrero se eliminó en 1949. (Foto de Michael Ochs Archives/Getty Images)
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Así lucía el letrero el día de su inauguración, iluminado por 40.000 bombillas.

Erigido a tiro de piedra del área que cinco años atrás albergó la titánica producción "Julio César" -con Tyrone Power como Brutus, 500 bailarinas, 5.000 extras, elefantes y camellos-, tampoco tenía que ver con la industria con la que hoy comparte nombre, aquella que da forma a los sueños.

Era un simple cartel —aunque enorme— con una vocación mucho más terrenal: la de vender casas.

Cuestión de marketing

La idea era que fuera grande, muy grande. Tanto, que cualquiera que se aproximara por el bulevar Wilshire, que lleva en línea recta al mar, aun estando a kilómetros de distancia, lo pudiera leer con claridad.

Imagen aérea del cartel Hollywoodland y las montañas de alrededor en torno a 1935.
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La idea era que se leyera bien desde la distancia.

Eso fue lo que los promotores inmobiliarios Tracy Shoults y Sydney Woodruff le encargaron al dueño de la empresa de letreros Crescent, Thomas Fisk Goff.

Y es que tenían un nuevo desarrollo inmobiliario que promocionar: una ecléctica urbanización de semilujo en las colinas del distrito conocido como Hollywood, financiada por algunos de los empresarios más poderosos de la época; léase, los magnates del ferrocarril Eli Clark y Moses Sherman y el dueño del poderoso periódico Los Angeles Times, Harry Chandler.

Hollywoodland llamaron a aquel conjunto de viviendas de cuatro estilos específicos —Tudor o medieval inglés, francés-normando, mediterráneo y colonial-español—, digno de un cuento ambientado en el “viejo mundo”, y lo presentaron como “el reino de la alegría y la salud”.

Agnes Strite señalando el cartel de Hollywood 4, LA 12, Hollywood en los años 1930. Vista del lado de las montañas.
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Hollywoodland se promocionaba como un edén frente a la vorágine de Hollywood y la contaminación de Los Ángeles.

Un enclave “alejado de la vorágine de la existencia humana”, “el logro supremo en lo que a construcción de comunidades se refiere”, el entorno ideal para “proteger a tu familia y asegurar su felicidad” con una casa construida “por encima del humo, la niebla y las impuras condiciones atmosféricas”.

Así lo remarcaban semana tras semana los anuncios publicados en el LA Times, según recoge en su libro The Hollywood Sign: Fantasy and Reality of an American Icon (“El letrero de Hollywood: fantasía y realidad de un ícono estadounidense”, 2012) el profesor universitario e historiador cultural Leo Braudy.

Y es que para entonces, Los Ángeles era una metrópolis con más de medio millón de habitantes y 106.000 vehículos registrados, una cifra que, según la Administración Federal de Carreteras (FHWA), para el final de la década superaría los 800.000.

 Una vista aérea de Hollywood, California, 5 de noviembre de 1929. Al fondo (centro) está el cartel de 'Hollywoodland'.
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Entre 1910 y 1920 Los Ángeles práticamente duplicó su población.

La industria del cine, una maquinaria bien engrasada de 40 millones de espectadores semanales, con un sistema de grandes estudios que se extendía por la ciudad y que generaban (junto con los ubicados en otras partes del país) el 80% de la producción cinematográfica mundial, tenía en Hollywood su epicentro.

Quien quisiera escapar de todo aquello, encontraría un oasis en Hollywoodland. “Ese era el eje de la estrategia para promocionar la urbanización, y el letrero luminoso en lo alto del cañón de Beachwood la última de sus piezas”, le dice el profesor Braudy a BBC Mundo.

Las actrices estadounidenses Marilyn Monroe (1926 - 1962) (izquierda) y Jane Russell se sientan en un cojín y se preparan para firmar sus huellas de pies y manos en el cemento frente al Grauman's Chinese Theatre mientras promocionan su película, 'Los caballeros las prefieren rubias', Hollywood , California, 26 de junio de 1953.
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Marilyn Monroe (izquierda) y Jane Russell a punto de dejar sus huellas frente al Teatro Chino del bulevar Hollywood durante la promoción de su película "Los caballeros las prefieren rubias" el 26 de junio de 1953.

Con tractor y mulas

El diseño original del cartel fue obra del joven publicista John D. Roche. O surgió, más bien, de una “mala interpretación” de un boceto suyo incluido en un primer folleto promocional.

Así lo contó él mismo con motivo de su 80 cumpleaños, 54 años después. Y el obituario que The New York Times le dedicó el 22 de noviembre de 1978 lo describe como el “creador del monumento”, aunque hay quien duda de esa versión.

Sea como fuere, se optó por modernizarlo con una tipografía sans serif, muy alejada de las formas sinuosas del estilo art nouveau.

Y aunque no haya reportes de prensa que narren cómo se colocaron aquellas 13 letras de 15 metros de alto por 9 de ancho en la falda del cañón de Beachwood, por las fotos se puede adivinar que fue toda una hazaña.

Primero tuvieron que retirar la maleza y abrir un camino de tierra por la que pudiera subir un tractor con el material, incluidos los postes de 18 metros que servirían de soporte.

Un grupo de hombres, probablemente topógrafos y constructores que trabajan en el nuevo desarrollo de viviendas conocido como Hollywoodland, posan para un retrato debajo del letrero que se erigió para publicitar el sitio, alrededor de 1925 en Los Ángeles, California. (Foto de Michael Ochs Archives/Getty Images)
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Se tuvo que hacer uso de mulas para subir el material necesario para erigir el cartel.

Como el último tramo, de unos 70 metros, era demasiado empinado, se tuvo que terminar el traslado con animales de carga.

Trabajadores mexicanos anclaron cada letra a los postes telefónicos llevados al lugar con mulas, completando en 60 días unas tareas que costaron US$21.000 (el equivalente de US$250.000 hoy)”, escribe Braudy, el profesor de la Universidad del Sur de California (USC), en su libro.

Aunque se inauguró con el iluminado en diciembre, el cartel llevaba meses contemplando la ciudad desde lo alto y, quizá gracias en parte a ello, para septiembre ya se habían vendido en Hollywoodland casas por un valor total de US$1,5 millones (el equivalente a US$16 millones de hoy).

Las ventas seguirían aumentando, hasta despachar todas y cada una de las parcelas.

De cartel a emblema

Aunque el letrero de Hollywood no era en sus inicios más que una enorme valla publicitaria, pronto empezó a impregnar en el imaginario popular.

Los episodios trágicos ayudaron a ello, como el suicidio en 1932 de la joven Peg Entwistle, que los medios reportaron como el de una actriz atormentada por su carrera.

Se quitó la vida saltando de la H. Tenía solo 24 años.

“Sin importar cuáles fueran sus motivaciones, puede que fuera la primera en entender el letrero como un símbolo y en volverlo una parte dramáticamente explícita de su biografía “, apunta Braudy en su obra.

Karen Black en el cartel de Hollywood en una escena de la película "El día de la langosta", de 1974.
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Karen Black en el cartel de Hollywood en una escena de la película "El día de la langosta", en 1974.

Aunque seguramente lo que más contribuyó a convertirlo en emblema fue su aparición en películas como Earthquake (1974), "El día de la langosta" (The Day of the Locust, 1975) o Superman: The Movie (1978).

Sin olvidar cómo el pop art ayudó a refrescar su imagen; en particular Ed Ruscha, quien desde 1967 lo incluyó en sus pinturas, dibujos y grabados.

Aunque la realidad del cartel era que, tras años de poco o casi ningún mantenimiento, se estaba cayendo a pedazos.

Decadencia y resurgimiento

En la década de los 40 el letrero había pasado a manos de la ciudad, que se encargó de arreglar la maltrecha H y eliminó las últimas cuatro letras, LAND.

Pero cuando la Junta de Patrimonio Cultural de Los Ángeles lo declaró el monumento oficial #111 en 1973, una O había rodado ladera abajo, faltaba parte de la D y alguien le había prendido fuego a la base de la segunda L.

Y a finales de esa década, la Cámara de Comercio de Hollywood determinó que el letrero requería una total reconstrucción, algo que calculaba podría costar un cuarto de millón de dólares.

Por suerte, algunos de los grandes nombres de la ciudad salieron al rescate.

Varias Chicas Playboy posan junto a la figura de cera de Hugh Hefner en el Museo de Cera de Hollywood en 2021.
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En 1978 Hugh Hefner organizó en la Mansión Playboy una gala para recaudar fondos para renovar el letrero de Hollywood. Quizá por eso su figura en el museo de la cera tiene esa imagen del fondo.

En 1978 Hugh Hefner, fundador de la revista Playboy, organizó una gala en su mansión a beneficio del letrero de Hollywood.

Fue un rotundo éxito: él mismo pagó la Y, entre otros costos, y el músico de rock Alice Cooper aportó US$27.777 para una nueva O.

Todas las letras consiguieron patrocinador y fueron sustituidas por otras hechas de vigas de acero y planchas de hierro corrugado esmaltado en blanco, que se fijaron al suelo con cemento armado.

John McVie, Mick Fleetwood, Bob Welch y Christine McVie del grupo de rock "Fleetwood Mac" posan para un retrato bajo el cartel de Hollywood en agosto de 1974 en Los Ángeles, California.
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John McVie, Mick Fleetwood, Bob Welch y Christine McVie (de izquierda a derecha) del grupo de rock "Fleetwood Mac" posan para un retrato bajo el cartel de Hollywood en agosto de 1974.

La obra se completó en menos de tres meses y costó unos US$250.000, el equivalente contemporáneo del gasto original.

Pero el letrero también sufrió otro tipo de alteraciones a lo largo de su historia, más del tipo DIY (Do It Yourself o “hazlo tú mismo”).

El letrero de Hollywood cambió a Hollyweed el 1 de enero de 2017 en Los Ángeles, California.
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"Bendita hierba", reza el cartel modificado.

Como cuando en enero de 1976 amaneció transformado en HOLLYWeeD, como un juego de palabras para celebrar la descriminalización de la marihuana (weed en inglés significa hierba), o cuando alguien le cubrió la segunda L, convirtiéndolo efímeramente en HOLYWOOD, con motivo de la visita del papa Juan Pablo II en 1987.

Para evitar estos y otro tipo de sabotajes, hoy está rodeado de alambre de púas, cámaras de vigilancia y sensores de movimiento.

Señales, todas las anteriores, de su estatus de ícono...

... pero improbable

“A diferencia de otros íconos estadounidenses, el letrero de Hollywood se enfoca en nuestros sueños y en nuestra vida interior. Y mientras los otros monumentos están anclados a una época concreta y a los eventos nacionales que celebran, este cartel flota por encima de su entorno y sus circunstancias, abierto a la interpretación de cada quién”, apunta el profesor Braudy.

Los turistas Andreas Minniti, izquierda, y su hermana María Pino, derecha, se toman selfies con el letrero de Hollywood el lunes 14 de febrero de 2022 en Hollywood, CA.
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El letrero de Hollywood es hoy lugar de peregrinación de turistas.

En ese sentido, le gusta compararlo con la Torre Eiffel, pensada también para ser efímera pero que se volvió la estampa más icónica de París.

“En cualquier caso, el letrero es un ícono extraño bajo cualquier definición”, prosigue Braudy.

“No se trata de una imagen que se parezca o se refiera a algo llamado Hollywood, sino que es el nombre mismo. Y aun así, la gente de todas partes lo reconoce como el símbolo de lo que sea que signifique ‘Hollywood’... con toda la ambigüedad que eso implica”.

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