Tomas Nassar

Tomas Nassar

Enviar
Jueves 7 Mayo, 2009


VERICUETOS
El rival de mi mujer


“Diay, yo sí voy, pero si vamos solos, sino no” cuenta mi amigo que le dijo su esposa, cuando la invitó una noche de estas a salir a cenar.
—¿Cómo que si vamos solos? Por supuesto que vamos solos, con quién vamos a ir, si siempre salimos solos.
—No es cierto, ya no. Antes sí, pero ya no volvimos a salir solos. Ya no me ponés atención ni hablás conmigo.
—No te entiendo.
—Es que la verdad, si llevás al Blackberry ese, mejor yo no voy. Andá vos con él porque de todas maneras, vivís pendiente de él.
¡Qué tragedia! Las consecuencias de la modernidad. El ICE nos trajo uno de los adelantos más importantes en la tecnología de las telecomunicaciones pero que, sin saberlo y claro que sin quererlo, elevará exponencialmente el número de hombres y mujeres abandonados por sus consortes, es decir, traicionados con un aparato con nombre de fruta. ¡Lo que hay que ver!
Black-berry (que no es lo mismo que el Berry el black) se ha convertido en el mundo entero en un vicio, en una obsesión que mantiene a sus usuarios, de todas las edades y de todos los géneros (ahora hay más de dos), permanentemente cautivos, a cualquier hora, en cualquier lugar y en cualquier circunstancia, como en el restaurante, cuando se cena con la doñita, pero se mantiene uno totalmente absorto, en éxtasis, revisando y contestando correos, sin deparar la más mínima atención al acompañante, a su conversación o sus reclamos. ¡Qué descortesía!
—Dame un toque, es que tengo que contestar este correo, es que es urgente.
—¿Qué dijiste? Perdón, es que no estaba poniéndote atención. Sorry. Ya lo apago, el bb.
¿Han visto a los blackberry-maniacos concentradísimos en la pantallita, moviendo los dedos con una habilidad y rapidez que se las deseara el más destacado pianista? ¿Los han visto casi en trance en los ascensores, caminando por media calle tropezando hasta con su sombra, en los restaurantes, o haciendo caso omiso de los demás en reuniones sociales o de trabajo? ¿Los han visto levantándose cada 30 segundos de la cama para revisar “si entró un mensaje urgente que estoy esperando” (mi mujer si)? ¿Y lo peor… recibiendo y enviando mensajes mientras manejan o hacen un alto?
No, si la cosa no es jugando ni se puede tomar en broma. A los aparatitos estos, que nos vinieron a secuestrar de la noche a la mañana, hay que ponerles cuidado. Hay que legislar, regular, supervisar, controlar, limitar.
Hay que prohibirlos cuando se está con la pareja. ¿Se imaginan la frustración…? “Ya voy, ya voy, solo dame un minutito para ver qué correítos tengo”. Hay que decomisarlos a la entrada de cines, restaurantes, teatros, alcobas, iglesias, reuniones. Habrá que prohibir a los patronos dárselos a los empleados. ¡Esclavistas! Definitivamente la cárcel para quienes los usan mientras manejan, cortarles dedos y orejas.
Hay que tipificar el Blackberry como arma de destrucción masiva, causal de divorcio, delito gravísimo, modalidad de adulterio, combatirlo como Blackberry-dependencia, penar el tráfico de los bb. Dios libre un chiquito con un bicho de esos.
Hay que legalizar la convivencia y el matrimonio hombre-blackberry y mujer-blackberry.
Es que esto de la modernidad y la tecnología, es un desastre.
El condenado Blackberry es el rival de mi mujer, porque cuando se le conoce, ya no se puede vivir sin él.