El personal de servicio versus  el anfitrión
Foto con fines ilustrativos. ShutterStock/La República
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Hoy en nuestra industria, poco a poco hemos dejado de ver al salonero como esa persona a la cual le ordenamos nuestras bebidas y alimentos, con quien nos sentimos felices simplemente por su rapidez y efectividad en la atención.

Hoy se ha convertido, para nuestra industria, en alguien entrenado y comprometido con la recepción y sobre todo con el trato de los comensales sin distinción.

La calidad y capacidad de recibir y tratar a huéspedes y extraños de una manera cálida, cordial y receptiva aparte del dominio técnico del oficio de servicio respectivo es lo que separa a un salonero de un anfitrión.

¡Un anfitrión! Este es el término que está creciendo y consolidándose cada vez más en los hoteles y restaurantes del más alto nivel de calidad en servicio y experiencia ofrecida.

En otras palabras, los más caros.

Costa Rica, en este sentido, es un país privilegiado por contar con una sociedad cuyas características se prestan para ser ejemplo y referente mundial.

Pero como todo en la vida, hay mucho camino por delante y mucho por trabajar.

Sería de mucha conveniencia para nuestra industria realizar un plan nacional que involucre cámaras de turismo, restaurantes, hoteles, junto con instituciones educativas y ejecutarlo de inmediato, porque sería vital que este fuera el estándar que recibe cada comensal sin importar cuánto puede y está dispuesto a gastar.

Podríamos estar en camino no solo de ser un país con una vasta reputación en cuanto a biodiversidad importante y única, también podríamos vendernos como un país no solo de cinco millones de habitantes sino más bien cinco millones de anfitriones y ahí es donde nos promovemos como una verdadera potencia mundial.


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