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Sábado, 17 de agosto de 2019



COLUMNISTAS


El odio y la ignorancia se apoderan del movimiento social

Alejandro Madrigal [email protected] | Lunes 22 julio, 2019


Vivimos tiempos de mucho descontento social. Mucho de ese descontento tiene raíces sumamente válidas y lógicas, que por muchos años los gobiernos han sido incapaces de resolver de forma estructural o por lo menos sustancial: la pobreza se estancó nuevamente; los salarios reales, sobre todo de aquellos con menor nivel de calificación, no mejoran al ritmo necesario; el desempleo aumenta; la economía crece a ritmos muy lentos. Son problemas objetivos, sobre los cuales no se ha hecho suficiente en las últimas décadas.

Desgraciadamente, este gobierno en particular le correspondió asumir en un momento en el cual, otro montón de problemas que afectan a la ciudadanía más indirectamente no habían sido resueltos, sino que habían sido postergados por mucho tiempo, hasta que ya no aguantaron. Le correspondió a este gobierno asumir decisiones impopulares, con tal de ver resultados buenos o de evitar el desastre en unos años. La situación fiscal tenía al estado al borde del descalabro; la dinámica legislativa tenía al Primer Poder de la República en un estado de enorme lentitud e inacción; y la educación costarricense está sumamente urgida de cambios.

Estos tres temas resumen tres puntos clave para que el gobierno pueda incidir en los grandes temas del país. Para hacer políticas que beneficien a la población se requiere: de un estado con finanzas públicas sanas que le den espacio para dirigir presupuestos en lugar de tener todo amarrado a destinos específicos; de una Asamblea Legislativa que se mueva, que discuta, que sea eficiente y que produzca o modifique las leyes con la velocidad de los tiempos actuales; y por otro lado, se requiere de un sistema educativo que se modernice para preparar a la gente más joven y darles oportunidades que su padres o abuelos puedan no haber tenido.

Sobre esos tres grandes temas se empezaron a cosechar importantes resultados en un año de gobierno; a pesar de las grandes resistencias. Resistencias que son naturales, mas no justificables. Los orígenes de las resistencia son múltiples. Muchas de ellas se deben a personas que no están dispuestas a que nada cambie, a que su zona de confort se toque; ni a que se arregle algo que llevaba años haciéndose mal, porque afecta sus intereses. Así han respondido los que no quieren que se toque el empleo público, los que no quieren que se evalúe a los profesores, o los que no quieren que se implemente el IVA, un impuesto sumamente necesario, que existe en casi todo el mundo y que le permite a Hacienda hacer mejor su trabajo de fiscalizar y recaudar.

Otra gran parte de la resistencia se han alimentado de miedo y desinformación. O, en otras palabras, ignorancia. El desconocimiento sobre lo que implica cada uno de los cambios que vienen dándose desde el gobierno son terreno fértil para inculcar miedo y, en consecuencia, resistencia. Quienes hoy no quieren que nada cambie porque toca alguno de sus intereses, han propagado miedo en gran parte de la población, miedo a través de mentiras como que el IVA hará más caros todos los productos usuales de consumo de una familia y que por eso hay que eliminarlo; o que el MEP gasta millones en drones para vigilancia o en construcción de baños mixtos para que lo usen simultáneamente hombres y mujeres. En esto, el gobierno tiene una cuota de responsabilidad enorme, por la ausencia de canales lo suficiente masivos para informar a la población y desmentir información falsa. Pero también como ciudadanos tenemos la responsabilidad de dudar y de verificar la información que llega a nuestros teléfonos.

Un tercer elemento que ha alimentado las resistencias es el simple y llano odio. Sí, una palabra muy fuerte, pero real en nuestra sociedad. Cada persona que se enoja porque el Presidente se haya presentado 30 minutos a la Marcha de la Diversidad, o porque el MEP haya implementado baños neutros individuales para evitar la violencia que reciben muchos estudiantes hoy día, son personas que cargan con odio. No existe otra forma de explicar que haya enojo porque el gobierno atienda algunas demandas sociales que son tan válidas como todas las demás.

Esos tres elementos han sido el combustible de esta gran descontento social. Si bien, las raíces son válidas y urgentes de atender (pobreza, desempleo, desigualdad, poco crecimiento económico) las manifestaciones al final no son esas, sus exigencias en las calles tampoco. El rechazo a tocar privilegios, la ignorancia sobre las políticas reales y el odio se apoderaron del movimiento y son esos tres elementos los que se concretan en las exigencias del movimiento social que hoy está tomando las calles de Costa Rica. Las entrevistas y apariciones en medio que hemos visto en medios de comunicación son evidencia de todo esto. Ya sean los choferes de tráiler, los estudiantes de secundaria o los líderes sindicales: lo que se lee y se escucha es la defensa de un supuesto grupo de valores morales subjetivos que no sabemos por qué se están violando (al final es un excusa para disfrazar el odio y la discriminación); gran falta de conocimiento sobre los temas a los que supuestamente se oponen; y el total rechazo a tocar privilegios del empleo en el sector público.

Y es ahí donde la oposición política más irresponsable se coloca: los políticos y partidos que ha apoyado este movimiento lo harán porque quieren ganar personas afines a sus partidos y sus colores, y no les preocupa propagar ignorancia, desinformación, odio o seguir amarrando al estado de Costa Rica a su estructura ineficiente de gasto. Los partidos políticos de oposición no pueden caer en la enorme irresponsabilidad de alimentar elementos que atentan contra nuestra democracia.

Lo cierto es que el estado requiere del IVA y en general de un sistema de impuestos más moderno, si queremos mejorar la recaudación, reducir la evasión y mejorar el margen de acción del gobierno para hacer políticas. Nuestro sistema educativo requiere de educación dual, si queremos generar mayores oportunidades de formación y empleo; requiere también de evaluar a los docentes. Los estudiantes de colegios con énfasis agropecuarios merecen drones que modernicen su formación y los estudiantes trans merecen espacios donde puedan ir al baño sin ser acosados. El estado también requiere revisar una estructura de empleo que no se ha modernizado en décadas. Sobre todos esos temas se puede discutir, y se puede modificar el diseño de la política, pero todos vienen a atender las necesidades más amplias de la sociedad: empleo, educación, crecimiento, reducción de la pobreza. Esos deben volver a ser los temas de reclamo social; no utilizar las reformas del gobierno para impulsar una agenda conservadora, llena de prejuicios, odio e ignorancia, una agenda que golpea tan duramente nuestra democracia.