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Hoy quiero empezar con una serie de preguntas, para que mientras se leen estas líneas vayamos realmente haciendo un autodescubrimiento de quiénes somos y lo que estamos haciendo; ¿Cuál es tu mejor talento? ¿Te has detenido a visualizar si las cosas suceden por consecuencia? ¿Cuál es la causa de lo que haces? ¿Tienes un plan a seguir definido según tu personalidad?; y la última ¿Estoy creciendo como profesional?

Menciono a uno de los autores que he leído, John C. Maxwell que en uno de sus libros menciona a James Allen en una de sus publicaciones, el cuál escribió que: “Las personas están ansiosas por mejorar sus circunstancias,pero no están dispuestas a desarrollarse a sí mismas, por lo tanto, permanecen atadas”.

Pero cuando estamos ante un momento clave de nuestra vida al que llamaremos el “Kimpulsetime” es cuando debemos de conocernos a tal punto que podamos definir cuál es la mejor cualidad que poseemos, lo que nos hace realmente diferentes y que no hemos impulsado desde ninguna área de nuestras vidas; sea porque las dejamos en manos del famoso “destino” y no hacemos nada por creer en que somos capaces desde nuestra historia, transformar lo que nos envuelve.

En este preciso lugar, donde quiera que estés leyendo; detente; y haz a un lado lo que hacías (no vamos a hacer nada extraño); dejar de hacer es ponerte a hacer y allí entonces visualiza tu entorno, la última llamada que recibiste o quién fue la persona que te habló hace unos instantes. Nos pasamos la vida pensando en que todo llega y no generamos impulsos activos que nos despierten de que mi vida no se define automáticamente.

El principal autor de la historia soy yo, y no es egoísta pensar en uno mismo por un momento, puesto que es desde esa conceptualización de identidad que construimos nuestra marca personal, el recuerdo en los demás y por supuesto la huella en nuestra existencia. Decía Jeff Bezos, fundador de Amazon.com, que tu marca es lo que las personas digan de ti cuando no estás en el mismo sitio que ellos.

Por lo tanto, hablo al joven profesional de edad y aquellos de espíritu, no podemos ya seguir haciendo lo mismo en nuestros sitios de trabajo, no podemos llegar cada mañana con las mismas ideas y no podemos ya relacionarnos con los demás de la misma forma, porque al final de cuentas, las marcas corporativas pasan, van y vienen, más sobre ellas siempre estará la que usted y yo hayamos construido; desde su mejor talento, desde el detener la automatización de su crecimiento y dejar que el tiempo pase sin hacer nada y desde la definición de quién soy como marca con planes, propósitos y extensión de lo aprendido a quienes vienen detrás suyo generacionalmente.
 

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