Miguel Angel Rodríguez

Miguel Angel Rodríguez

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Lunes 1 Mayo, 2017

El caos vial de la capital

Todos los que transitamos por la ciudad de San José lo sufrimos: quienes viven en el casco capitalino, los que vivimos en los alrededores, los habitantes del resto del país que lo visitan y los turistas que vienen a disfrutar de este bello rincón del planeta.
Ya casi no importa la hora, salvo muy tarde en la noche o temprano en la madrugada. Tampoco importa la ruta que escojamos. Ya ni las guías satelitales de nuestros teléfonos celulares nos salvan. Irremediablemente la presa pone freno a nuestra circulación.
Claro que el parque automotor ha aumentado vertiginosamente. En 1970 se estima circulaban menos de 50 mil vehículos y en 2016 ya son unos 1.500.000. Gracias a Dios, eso indica que cada vez más compatriotas pueden comprar un auto o pagar un bus. Pero qué pena, eso también señala que el transporte público no se ha mejorado al ritmo que lo demandan las nuevas exigencias de los usuarios y el mucho tiempo que tienen que emplear en sus rutas de la casa al trabajo, del trabajo a la casa, a hacer mandados, a la escuela el colegio o la universidad, a misa o a otro culto religioso, a ver a la novia o al novio, o a compartir con amigos.
Hay problemas grandes y de vieja data que requieren importante inversión pública como la infraestructura vial de acceso y de circulación dentro de la ciudad (ni siquiera se ha terminado la Circunvalación) y como construir un medio alternativo de transporte público, tren, metro o tranvía con energía limpia.
Hay otros problemas que son de regulación y no requieren inversiones tan grandes como los anteriores, pero demandan mucha decisión y fuerza política para ejecutarlos. El Plan GAM que es el que regula la geografía de la Gran Área Metropolitana con base en la Ley de Planificación Urbana que emitimos en el gobierno de don José Joaquín Trejos en 1968, data de 1982. Hasta 2000 se inició su modernización que se terminó en 2009, pero por diversas razones e intereses, aún no opera el PRUGAM 2008-2030, ni ningún instrumento que sustituya al de 1982. Tampoco opera la sectorización del transporte en buses en la capital y periferia, que se inició desde el año 2000 con todo un proceso calendarizado para su ejecución que no se siguió. Su inexistencia multiplica al menos por tres el número de autobuses que entran al casco capitalino. Además los planes reguladores municipales han sido muy lentamente desarrollados, y han carecido de la previsión mínima para obligar a construir calles comerciales y de vecindario paralelas a las vías nacionales, lo que ha congestionado en los cantones aledaños a la capital el transporte de manera desesperante. No existen audiencias de los vecinos para expresar sus puntos de vista ante grandes desarrollos urbanísticos, lo que podría contribuir a flexibilizar y hacer más visionarias las aprobaciones municipales de construcción.
Pero además hay acciones de menor inversión y costo político, que podrían en poco tiempo mejorar el caos vial que a todos nos atormenta.
Estas acciones exigen cambios en la conducta de los conductores, pero podemos aprenderlos; así como hace 50 años dejamos de atropellarnos en molotes en las puertas para entrar a la cazadora, y aprendimos a hacer filas ordenadamente.
El principal cambio es acabar con los carros parqueados ilegalmente en las calles. Recuerdo hace unos cuarenta años como las grúas de tránsito levantaban los vehículos de los infractores, y aprendimos por un tiempo a no hacerlo.
El segundo es sancionar fuertemente a los buses o autos que en las intersecciones se paran a medio cruzar, dejando cerrada la vía perpendicular. Para ello basta poner cámaras en los sitios de mayor tránsito y penalizar a los dueños de los vehículos.
La tercera es hacer parqueos públicos debajo de los parques capitalinos concesionando su construcción y operación como lo hacen muchas ciudades en EE.UU., en Chile y otros lugares.
Es problema no solo de inversión y regulación Es también un problema de gestión.