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Miércoles, 12 de diciembre de 2018



COLUMNISTAS


Ejercicio de humildad

Vilma Ibarra [email protected] | Miércoles 17 agosto, 2016


Para efectos prácticos, el cinismo y la corrupción abonan el mismo terreno. El del descrédito, la desafección y la pérdida de confianza y de todo ello, deviene el repudio

Hablando Claro

Ejercicio de humildad

En su acepción más simple el cinismo es la falta de vergüenza al momento de mentir. Se entiende como la decisión de defender lo indefendible sin sonrojo alguno o con mal disimulado sentido de certeza. No tiene que ver necesariamente con corrupción. De hecho puede no tener relación alguna con un acto ilegal. Obviamente no solo miente quien roba y sostiene contra viento y marea ser una persona proba. O quien es infiel y dice observar lealtad. Por algo se dice cínicamente que la infidelidad se niega hasta la muerte.
El problema es que para efectos prácticos, el cinismo y la corrupción abonan el mismo terreno. El del descrédito, la desafección y la pérdida de confianza y de todo ello, deviene el repudio. En política es gravísimo. Y por tanto, en democracia aún más. Vulnera el sistema. Convierte en generalización, lo que constituye el comportamiento de algunos, o incluso de unos muy pocos. La aseveración de que la política es cínica se vuelve por tanto una especie de sentencia y ello es pernicioso porque según esa elaboración solo quien es mentiroso, matrafulero, sucio y corrupto es capaz de entrar en esa arena. Y aunque no solo sea posible hoy en día llegar a la función pública a través del ejercicio político, lo cierto es que son menos aún los que sin estar en esa arena, van a mostrar disposición entonces a dar un paso adelante en la función pública. Y caemos entonces en esta escasez de oferta de elegibles idóneos para los cargos más delicados del ejercicio de lo público. Por ahí andamos.
No puedo entender cómo es posible que desde Zapote no se produzca un acto de imperiosa reflexión respecto del manejo de los mensajes de algunos hechos que sin constituir tragedia, se vuelven en asuntos que estando tan mal manejados ocasionan grandes pérdidas de capital político. Cuando el acongojante ejercicio diario de la comunicación no deviene en un esfuerzo de congruencia, los gobernados y los opositores encuentran razones que no necesitan para hacer señalamiento y escarnio. Y no hay manera de quitarse de encima el sambenito de que es cinismo lo que impera. Hay que recordar que el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones.
El gobierno tiene cada vez menos margen de maniobra. Los principales problemas del país siguen quedando a la deriva. Nadie dijo que sería fácil. Y es cierto que hay hambre y ganas de comer y que a los opositores que piensan en la próxima elección les va bien que el gobierno de turno pifie. Precisamente por eso, es necesario un ejercicio de humildad que implique reconocer que omitir y peor aún mentir, no ayuda en nada a levantar (o impedir aún más) la caída en picada de la imagen de la gestión gubernamental. Y conste, que ello no tiene nada que ver con todo lo bueno que sin duda se hace en el empeño de cada día. Pero una cosa, lamentablemente, no elimina la otra.