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Jueves 24 Febrero, 2011


Columna invitada
Egipto y las plagas de Cuba


Una lectura inteligente, atrevida, desapasionada y oportuna del panorama mundial tras los recientes hechos políticos que estremecieron a Egipto, llevaría a Estados Unidos a levantar el embargo comercial que impuso a Cuba en 1962 y a entregar, a la soberanía cubana, la base naval que Washington mantiene desde 1899 en Guantánamo.
Sin el embargo y cedida la base, el régimen de Fidel y Raúl Castro se quedará sin el añejo pretexto por el que mantiene un sistema sin libertad, unipartidista comunista, sin prensa libre, con presidio político, economía socialista de mando estatal y sin propiedad privada (Acosados por una aguda crisis, ahora los Castro ensayan un tibio cambio económico, sin apertura política y pronóstico reservado).

Al trasnochado anticastrismo de Miami y de Washington y al deteriorado castrismo de La Habana les molestan dos factores irrefutables de Cuba:
 El embargo (primero parcial, luego total, después reforzado y ahora flexibilizado) ha sido el principal aliado de los Castro para justificar todo en Cuba represión política, desventura socioeconómica y prolongar la locura. Con el embargo, 16 administraciones de 11 presidentes estadounidenses desde 1959 (Eisenhower, Kennedy, Johnson, Nixon, Ford, Carter, Reagan, Bush padre, Clinton, Bush hijo y Obama) ayudaron vía indirecta a los Castro a sostenerse en el poder.
El embargo ha llenado los bolsillos de algunos aprovechados cubanos en Florida que, amparados a grupos de nombres rimbombantes que son solo un cascarón para captar dinero, viven del presupuesto de Estados Unidos como promotores de la democracia en Cuba y nunca han sido referente válido para los cubanos que subsisten en la isla.
El estrecho de Florida está cercado por dos lógicas malditas que dependen una de otra y a las que les molestará el fin del embargo. A unos se les acabará el pretexto para impedir abrirse a la libertad y a otros se les cerrará la millonaria manguera federal que les surte de dinero en su falsa lucha libertadora. Los Castro claman en público por el fin del “bloqueo”, aunque puertas para adentro quieren que se prolongue. Las lógicas malditas se parecen y en el centro están los cubanos, atrapados en la tragedia.
La comunidad internacional debe empujar a Washington hacia una acción inteligente y oportuna: desde hace muchos años, la Asamblea General de Naciones Unidas ha solicitado el fin del embargo a Cuba. ¿Quién se opone a que Estados Unidos acate resoluciones aprobadas por la casi totalidad de la ONU, incluida Cuba?
La dictadura de Hosni Mubarak sostenida por Washington como indirectamente es la de Cuba cayó en solo 18 días de protesta y no era tan sólida como pintaba. La plaza de El Cairo reivindicó el valor de la calle como ruta de lucha y a la juventud como fuente de cambio, lo que en el caso cubano alarma a grupúsculos de ancianos de la generación de 1959 que gobiernan Cuba y manipulan Miami.
Levantar el embargo sería una acción atrevida para la juventud, sin esperanza en Cuba y con el único sueño de emigrar a Miami, y desapasionada frente a las lógicas malditas. Los Castro quedarán sin excusas y se podría quitar la espoleta para que estalle la protesta, mientras observan las nuevas generaciones de militares.
Y pronto se reactivaría “radio bemba”, viejísima red social oral por la que los cubanos se comunican sin importar que el régimen atornille la cápsula de aislamiento y anti-Internet, para exigir en cualquier plaza de la isla que se vayan los que se tengan que ir y lleguen los que tengan que llegar.

José Meléndez Monge
Periodista
Ex corresponsal en Cuba del periódico Excélsior de México