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Miércoles, 23 de octubre de 2019



COLUMNISTAS


Educación: tradición centenaria costarricense y lucha de un pueblo por surgir.

Emilio Bruce [email protected] | Viernes 10 mayo, 2019


Sinceramente


La educación en nuestro país no nació ayer ni es la improvisada ocurrencia de uno u otro personaje reciente. La educación en Costa Rica arranca con las escuelas unidocentes de primeras letras desde la misma colonia. La aspiración por el conocimiento no es reciente, ni ha sido la organización de nuestra educación un acto de generación espontánea de pocos años, desconociendo nuestra profunda y fructífera tradición e incansable trabajo.

Desde el gobierno de nuestro primer Jefe de Estado don Juan Mora Fernández esta fue una preocupación y motivo de trabajo incansable en medio de la pobreza nacional de aquella época. Con el advenimiento de nuestra república y su primer presidente don José María Castro Madriz la educación adquirió mayor importancia y la lucha por desarrollar la preparación de los costarricenses fue un hecho claro. Apuntamos alto, pusimos a los mejores al frente de la educación, apreciamos el ejemplo de los mejores e hicimos lo nuestro.

Durante el período liberal desde don Jesús Jiménez Zamora quien impulso la enseñanza pública, gratuita y obligatoria y forjó la ruta del país para el resto de su historia educativa, hasta don Bernardo Soto Alfaro con sus disposiciones para que la enseñanza dejara de ser monopolio de la Iglesia, y la fundación del Instituto de Alajuela, el Colegio de Señoritas, el Colegio San Luis Gonzaga y el Benemérito Liceo de Costa Rica, una cadena de los mejores, una cadena cuyos eslabones eran las personalidades más distinguidas del país, se sucedieron para darle a Costa Rica escuelas primarias, escuelas secundarias, y la Universidad de Santo Tomás para crear un espinazo educativo robusto. El país se inspiró en los mejores sistemas educativos de la época.

Dos figuras señeras deben de mencionarse Mauro Fernandez Acuña y su esposa doña Marian Le Capelain quienes rediseñaron, implementaron y coronaron con éxito la más grande y ambiciosa reforma educativa que había vivido el país. Doña Marian Le Capelain asumió la dirección del Colegio de Señoritas. No nos engañemos. La labor ha sido de siglos y ha sido de próceres. Ha sido de los mejores costarricenses con los mejores ejemplos en el mundo.

¿Cómo olvidar los nombres de don Luis Dobles Segreda, de Justo Facio, de Elías Jiménez Rojas y de Roberto Brenes Mesén en la labor educativa que abarcó sus vidas enteras? ¿Cómo olvidar la labor educativa nacional y la creación de la Universidad de Costa Rica por don Luis Demetrio Tinoco Castro? ¿Cómo desconocer la contribución a la universidad, a la cultura, a la formación ciudadana de Rodrigo Facio Brenes? Como quien va formando una calzada, piedra a piedra, se levantó el edificio de nuestra educación y de las instituciones que han sido el asiento de la misma. Excelencia, siempre excelencia, los mejores eran escogidos para dirigir la educación y los escogidos aceptaban servir a la patria de todos. La excelencia nos llevó a apuntar alto y alcanzamos las estrellas. Los mejores, siempre los mejores.

Don Ricardo Jiménez Oreamuno ofreció un discurso maravilloso cuando el gobierno del momento transformó el Cuartel Principal de San José en la escuela Juan Rafael Mora. Este ejemplo marcó al país y poco a poco algunos cuarteles se transformaron en escuelas secundarias después. Necesitamos de nuevo gigantes, necesitamos de nuevo señores que con altura y conocimiento forjen la educación costarricense. Las ocurrencias no forman, desorientan. Tarea de los mejores, tarea de los gigantes, tarea de los intelectuales más destacados del país en su momento fue siempre la tarea de instruir y educar a los costarricenses. El pensamiento fundador fue que los mejores orientaran al país para hacer de todos mejores ciudadanos.

Gigantes de antaño, gigantes de ayer y en su época Doña Estela Quesada fue un símbolo de la mujer involucrada en educación y dirigiendo con madurez y criterio la misma. La primera mujer en ser Ministra y de Educación. El Ministro de Educación Pública fue símbolo de excelencia intelectual, de señorío, de liderazgo cultural y educativo. Cuando el Ministro de Educación hablaba todos escuchábamos con reverencia, respeto y su autoridad personal en educación nos hacía asentir con sus razones y sus decisiones. No puedo decir menos del faro que siempre fue don Eugenio Rodriguez Vega. No eran improvisados, no eran personas de ocurrencias, eran señores intelectuales que ayudaron a formar la época de oro de la educación costarricense. Doña María Eugenia Dengo Obregón fue otro pilar indispensable en la construcción de nuestro sistema educativo. No menos lo fue don Fernando Volio Jiménez extraordinario intelectual y educador.

No puedo mencionar a todos y soy injusto tan solo en destacar a estas pocas personalidades. Sin perjuicio de ello no deseo dejar de mencionar a don Francisco Antonio Pacheco Fernández y a su señora esposa doña Clotilde Fonseca en el esfuerzo educativo que el país ha sostenido. Son baluartes de la intelectualidad ambos y ambos son los ejecutores de reformas, ideas e iniciativas que construyeron una Costa Rica y una educación mejor, buscando no solo la excelencia sino la democratización de la misma.

Debemos volver por la senda de escoger los grandes intelectuales, los grandes conocedores y referentes en educación y en cultura para forjar nuestro sistema y las instituciones sobre las que se asienta la educación pública del país. La excelencia, el conocimiento y la trayectoria son insustituibles.

Debemos con criterio saber escoger los ejemplos de sistemas de educación impartida en aquellos países que son verdaderos forjadores del conocimiento en los ciudadanos. Pienso en Canadá y Nueva Zelandia, pienso en Holanda y en Noruega, se me ocurren Alemania y Japón. Suiza, Singapur y Finlandia son ejemplos muy deseables. Costa Rica en el índice de Educación de Competitividad Global 2017-2018 ocupa el lugar número 30 en educación. Los países mencionados aparecen con mejor desempeño. ¿Porqué escoger países que no aparecen dentro de ese índice siquiera? ¿Porqué tomar ejemplo y sistemas que son de acuerdo al índice Global de Competitividad 2017-2018 inferiores al nuestro? Tomemos ejemplo y lección de quienes nos superan, eso nos ayudará siempre a ser mejores y más competitivos.

La patria se construye día a día, con esfuerzo y con visión. Las ocurrencias, la ideologización y politiquería no deberían ser factor en la forja de la educación cuyos efectos son de muy largo plazo.







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