Luis Alberto Muñoz

Luis Alberto Muñoz

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Viernes 4 Marzo, 2011


Draconianos impuestos


Quien no es de confiar en lo pequeño, tampoco lo es en lo grande.
Esta frase resume, en mi parecer, el problema de dar en Costa Rica mayores poderes, de todo tipo, pero en este caso, el económico a las municipalidades.
Los deficientes servicios que ofrecen los llamados “gobiernos locales” son más que evidentes, se han convertido en la nota trillada de los medios de comunicación, en la fotografía predecible, y en descontento atribulado, rotundamente masivo de los contribuyentes; quien no me cree, que vea el nivel de abstencionismo.
Por lo tanto, es obvio que la idea de transferir un 10% del presupuesto nacional a los 81 ayuntamientos del país, en momentos que el gobierno habla de la urgencia de una reforma fiscal, es una decisión cínica, inoportuna y de escaso tacto.
Por otra parte, el ansia y voracidad por más recursos han llevado a que un grupo de 30 municipalidades implemente una salvaje revaloración, de hasta un 1.400% sobre las propiedades de campesinos.
Bajo el título de “Nueva Plataforma de Valores por Zonas Homogéneas”, estudios extranjeros salidos de la noche a la mañana, impusieron la draconiana conclusión, de que una parcela para sembrar frijoles se debe valorar igual que un centro comercial o una quinta de lujo, para efectos de pago del impuesto territorial.
Costa Rica se ha caracterizado por adoptar normas, modas y hasta consejos pasajeros de entes extranjeros, los cuales ni siquiera rigen en los países de origen de estas leyes.
Sin embargo, lo más preocupante es que a pesar de toda la estructura estatal para evaluar, razonar, “tropicalizar”, este tipo de propuestas, simplemente se aplican al filo de la navaja, una vez más, en perjuicio de los contribuyentes, quienes sufren el doble castigo del subdesarrollo: pésimos servicios públicos y caros impuestos.
En muchos casos, han sido los propios vecinos, pequeños productores, quienes con picos y palas han tenido que construir sus propios caminos, aulas, salones para sus comunidades.
La descentralización en Costa Rica ha probado ser un lamentable fracaso. Ahora, en una fase de desesperación, se buscan salidas fáciles, sin entender las graves consecuencias sobre la vida de miles de costarricenses.
Si el problema es la falta de dinero, ¿por qué entonces existe tanta subejecución de presupuestos municipales?
Hasta que los gobiernos locales no den verdaderos frutos, será difícil justificar su urgencia de más recursos.

Luis Alberto Muñoz