Juan Manuel Villasuso

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Martes 1 Septiembre, 2009


Dialéctica
Dos cartas a la Reina

Dejamos de lado esta semana nuestro análisis del comercio exterior, que retomaremos próximamente, para referirnos a dos interesantes cartas que distintos economistas británicos han enviado a la Reina Isabel II de Inglaterra.
Todo comenzó en noviembre del año pasado durante la inauguración del nuevo edificio de la London School of Economics, evento al que asistió la Reina, que preocupada por la situación económica de su país y del mundo, y posiblemente también por la pérdida de más de 50 millones de euros de su patrimonio, aprovechó la ocasión para preguntar: ¿Cómo es posible que los expertos en economía no hayan previsto esta crisis? ¿Cómo es que ninguno de ustedes advirtió este desastre?
Ante el mayestático cuestionamiento algunos académicos convocaron a un seminario en la Academia Británica, tras lo cual los profesores Tim Besley y Peter Hennessy le comunicaron a la Soberana las principales conclusiones.
En ese documento afirman que la psicología de la negación se apoderó del mundo financiero y político en el periodo previo a la crisis lo cual, sumado a la arrogancia, hizo perder la objetividad frente a los grandes déficits de algunos países, las enormes burbujas de crédito y la especulación bursátil.
“La mayoría estaba convencida de que los bancos sabían lo que hacían. Creían que los expertos financieros habían encontrado nuevas fórmulas para diluir la gestión de riesgos. Es difícil imaginar un mejor ejemplo de ficción y soberbia”.
“En resumen, su Majestad, concluyen estos economistas, la incapacidad para prever el momento, los alcances y la gravedad de la crisis, se debió principalmente a un fallo de la imaginación colectiva de mucha gente brillante que no comprendieron los riesgos del sistema económico y financiero en su conjunto”.
En una fecha posterior, el pasado 10 de agosto, otro grupo de profesores de economía también escribieron a la Reina para decirle que el análisis de sus colegas era incompleto porque no mencionaban un aspecto muy importante: las deficiencias que existen en la formación de los economistas, que les impiden hacer lecturas adecuadas del contexto. Reconocer esas deficiencias es esencial para entender la incapacidad para predecir la crisis.
En ese sentido, mencionan que los Premios Nobel Ronald Coase, Milton Friedman y Wassily Leontief se quejaron en el pasado de que la economía se ha convertido en una rama de la matemática aplicada y se ha desentendido de las instituciones y de lo que ocurre en el mundo real para dedicarse a la construcción de modelos basados en supuestos cuestionables como la “racionalidad” universal o la hipótesis de los mercados eficientes.
Además, la actual formación en las más prestigiosas instituciones no se atreve a admitir el simplismo de la disciplina en materia psicológica, no profundiza en los principios filosóficos y éticos sobre los cuales debe sustentarse y concede poco valor a las enseñanzas que pueden derivarse de la historia.
A esto se añade, dice el segundo grupo de epistolarios, que muchos economistas han sido “seducidos por el mercado” y llegan a creer, de manera ingenua y temeraria, que siempre se pueden encontrar soluciones universales, haciendo abstracción de las realidades sociopolíticas e institucionales que contextualizan a los actores económicos.
Estas dos cartas son auténticas piezas de análisis porque abordan aspectos esenciales de la epistemología económica. Ojalá motiven la reflexión en las universidades y al debate entre los economistas nacionales.