Iris Zamora

Iris Zamora

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Lunes 9 Febrero, 2015

No actuamos para evitar que agujas penetraran el cuerpo de un bebe de dos años


…desde Moncho

¿Dónde estábamos?

Muchas, extrañamente más muchas que muchos, han levantado sus “ofendidas” voces para condenar a la madre; por supuesto que también esos muchos lo han hecho de inmediato. La culpable es la “desnaturalizada madre”… con piedra en manos dispuestas a lanzar la primera. Están, tan libres de pecado, autorizados para lapidar a una niña de 16 años, que quedó embarazada a los 13…
¿Por qué resulta tan fácil, endurecer las venas de la garganta, el rostro y condenar como si fuésemos testigos presenciales?...
¿Acaso nos trastorna encontrarnos frente al espejo?... ¿Nos enloquece saber que nuestra indiferencia cómplice, provoca estos crímenes impensables? Un crimen que conmociona a la sociedad, incluyendo a los médicos forenses que no recuerdan una tortura de semejante magnitud.
Estamos horrorizados por este crimen. Un niño de dos años murió víctima de una larga tortura, solo creíble en los guiones de algún libreto para alguna película espeluznante. Ocurrió aquí, frente a nuestros ojos, como las estadísticas que nos entrega el Hospital Nacional de Niños cada año y que ignoramos mirando hacia cualquier parte.
Las cifras de Unicef y la OMS son aterradoras. Entre los tipos de maltrato infantil ocupa el primer lugar el “abuso sexual en cualquier ámbito en un 95,7%”. Abandono, rechazo, golpes, quemaduras, ahogamiento, la lista parece interminable.
Se estima que en nuestro continente hay 60 millones de sobrevivientes de abuso sexual. La OMS publica que en 2006, una década atrás, hubo 57 mil muertes de menores de 15 años.
Según Unicef, “México, Portugal y USA son los países donde el índice de mortalidad de menores por maltrato físico es más elevado, con cifras de 10 o 15 veces mayores que en el resto de naciones desarrolladas” “cada 5 horas muere un niño en Estados Unidos por maltrato”.
¡Entonces la excusa no es la pobreza!
“80 mil niños mueren en nuestra región (C.A) a manos de sus padres o familiares cercanos”… Mueren, sí, mueren. Esa realidad, invisibilizada, es la que hoy nos hace temblar de rabia, de impotencia… aflora entonces el deseo de venganza disfrazado de Justicia, porque sabemos en nuestro fuero interno, que somos absolutamente responsables de esas muertes, de esos abusos, de ese abandono…
Culpar a una adolescente, que se vino huyendo a nuestro país, por agresión es más fácil, así limpiamos nuestras conciencias, nuestra indiferencia. El maltrato infantil ha sido socialmente aceptado, no tomemos ahora poses éticas, que no nos van.
No disfracemos nuestra indiferencia con palabras vacías de condena. No actuamos para evitar que agujas penetraran el cuerpo de un bebé de dos años, que su páncreas haya sido lacerado a patadas, que su espalda, estómago presenten evidencia de los brutales ataques… ¡que su cuerpo, haya sido violado…! ¡Por Dios! ¿Cómo es que pretendemos lapidar sin sonrojarnos?
Pequeño.. ¿cómo puedo reparar tu sufrimiento, tu soledad, tu agonía?… Perdona, si te es posible, mi ausencia, muéstranos el camino para evitar que ocurra otra vez… perdónanos.

Iris Zamora