Arturo Jofré

Arturo Jofré

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Viernes 7 Mayo, 2010


Doña Laura y la marea

Estamos a pocas horas de iniciar un nuevo gobierno. Con la fiesta de mañana se cierra la primera parte de un proceso que tendrá su verdadero significado en la segunda, cuando la obra apague el discurso. La Sabana, testigo de tantos acontecimientos, será una vez más el punto de partida de un proceso que nos afectará como sociedad y también en lo micro a cada uno de nosotros.
Tenemos el derecho a soñar con un buen gobierno. Desde tiempos primitivos el ser humano ha creído en los hitos que demarcan tiempos o procesos, por eso celebramos el devenir de un nuevo año, así como los hinchas del fútbol se ilusionan cuando asume un nuevo director técnico, o como los campesinos se guían por las fases de la Luna. A partir de mañana tenemos derecho a ilusionarnos, como decía Winston Churchill, soy optimista porque no gano nada con no serlo.
Desde hace décadas las banderas ideológicas han dado paso en el país a las banderas pragmáticas. Esto no se traduce en una disminución del riesgo a la hora de elegir, sino simplemente que ya no pesa tanto el fanatismo partidista. Es una especie de marea que aplaude y critica, que no se siente atada a partidos, excepto a que se cumplan medianamente sus expectativas. Esa marea estuvo a milímetros de no elegir presidente a don Oscar. Es la que se lanzó a los brazos de don Abel, lo hizo presidente y lo abandonó. Es la que casi hace presidente a don Ottón. Es la masa volátil que define elecciones, que con la misma facilidad con que hace presidentes, también los olvida o los destruye.
Esa gran marea es muy diversa, en ella hay desde ricos hasta pobres, con mayor o menor educación, jóvenes y viejos, hombres y mujeres. Sus expectativas son múltiples, pero al no haber una dosis importante de fanatismo, hay una actitud realista, comprensible, optimista. Por eso esa marea está ilusionada y desde el sábado celebrará esta nueva fase como una nueva oportunidad, como un nuevo día, donde el esfuerzo colectivo y la dirección inteligente del país nos permita crecer como sociedad.
Las expectativas de esta marea son múltiples, pero hay dos que son insoslayables, porque el tiempo se acabó. El primer desafío es la gran cruzada contra la inseguridad nacional. Desde la invasión de William Walker, nunca la seguridad del país ha estado más amenazada. El ejemplo de grandes países latinoamericanos que han caído con facilidad en las garras de las mafias, nos muestra con claridad las dimensiones de este desafío.
El otro desafío es bajar de manera sostenida la pobreza. Costa Rica puede hacerlo, es un país pujante que ha descuidado la equidad en su crecimiento. La pobreza es una vergüenza nacional y cada uno debe sentirse culpable. La pobreza es la fuente de incontables traumas sociales, donde condenamos a generaciones de jóvenes. Doña Laura y su equipo de gobierno inician una nueva fase que puede convertirse en histórica, no por ser mujer que ya es importante, sino por la dimensión de los desafíos que hay que enfrentar.

Arturo Jofré