María Luisa Avila

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Jueves 5 Marzo, 2015

Todos, no solo su familia, sabíamos que con don Elías (Jiménez) podíamos contar, que de él siempre obtuvimos un comentario sereno y oportuno, una palabra inteligente, un consejo sabio


Tricotomía

Don Elías

Esta semana empezó con la triste noticia del fallecimiento del Dr. Elías Jiménez Fonseca, quien fue un pediatra hematólogo, investigador, director y subdirector del Hospital Nacional de Niños y Presidente Ejecutivo de la CCSS.
Pero eso son solo puestos y nombramientos que don Elías alcanzó a lo largo de su fructífera vida. Porque don Elías fue mucho más que eso, fue un humanista constantemente preocupado por la salud del país y por su desarrollo, hombre de familia, buena persona, tenista, apasionado por el buen vino y un maestro generoso. Un ser humano integral e íntegro.
Ante su pérdida física reflexionamos sobre el hecho que siempre le dijimos don Elías, raramente nos referíamos al él como el Dr. Jiménez y creo que eso fue producto de la cercanía y la confianza que él siempre generó entre las personas que lo rodeábamos.
Todos, no solo su familia, sabíamos que con don Elías podíamos contar, que de él siempre obtuvimos un comentario sereno y oportuno, una palabra inteligente, un consejo sabio.
Voy a extrañar las conversaciones con don Elías, de tantas cosas, de medicina, del Hospital, del país, de Saprissa y de política.
Era un analista profundo y reflexivo. Fue una persona que dejó huellas, no cicatrices, marcó un camino, fue heredero de honor del legado del Dr. Carlos Sáenz Herrera y contribuyó en gran medida a lo que es hoy nuestro Hospital.
Marcó un antes y un después en el desarrollo de la hematología de nuestro país, muchos hombres, mujeres y niños hoy le deben su salud, varias generaciones de niños se beneficiaron de sus conocimientos médicos.
Sus investigaciones trascienden nuestras fronteras y son reconocidas a nivel mundial en sus múltiples publicaciones en revistas médicas de prestigio.
Estos han sido días de dolor, para su apreciada y querida familia, y para todos los que lo conocimos.
La gran cantidad de personas que fueron a sus honras fúnebres son quizá el mejor testimonio de lo mucho que se le quería y respetaba. Lo fuimos a despedir con el corazón en la mano y la lágrima fácil en los ojos.
Lo vamos a extrañar, pero vivirá siempre en sus obras, en el corazón y agradecimiento de los que fuimos sus alumnos.
En paz descanse don Elías, honraremos siempre su legado.

María Luisa Ávila