Juan Manuel Villasuso

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Martes 26 Enero, 2010


Dialéctica
Dolarizar es muy inoportuno

Ante las pretensiones de dolarizar la economía costarricense, formuladas por el candidato presidencial del Movimiento Libertario Otto Guevara, afirmé la semana pasada en esta columna que eso era un despropósito y un disparate.
El argumento es simple. La conducción de la economía de un país no es un asunto técnico, sino político porque las decisiones de política pública afectan el ingreso y el bienestar de las personas; con consecuencias para todos: trabajadores, empresarios, consumidores, inversionistas, ahorrantes, etc. Es por eso que esas decisiones fiscales, monetarias, comerciales y cambiarias deben ser transparentes y estar bajo el escrutinio de los ciudadanos.
Dolarizar nuestra economía, o lo que es lo mismo, eliminar definitivamente el colón como moneda y establecer el dólar como única divisa en el país, conlleva la renuncia a una función esencial del Estado costarricense: la emisión y regulación monetaria. El Banco Central ya no tendría razón de ser porque esas atribuciones las asumirían los funcionarios del Banco de Reserva Federal de Estados Unidos, que son los responsables de la circulación del dólar.
Las implicaciones negativas de la propuesta de dolarizar son evidentes. Los costarricenses ya no decidiríamos sobre las cuestiones monetarias, estaríamos expuestos a los designios de los jerarcas bancarios de otro país, cuyos intereses no son los nuestros, y no podríamos exigir transparencia ni ejercer ningún tipo de control democrático sobre sus resoluciones.
Pero también indiqué la semana pasada que la dolarización era inoportuna e inconveniente desde el punto de vista económico. Veamos por qué es inoportuna.
Primero, porque en las actuales circunstancias de la economía mundial, el dólar se ha venido devaluando paulatinamente. En el último año ha reducido su valor en aproximadamente un 10% respecto al euro. Eso significa que adoptaríamos una divisa que cada vez tiene menor poder de compra de productos europeos, con quienes estamos negociando un tratado de libre comercio. Algo similar ocurriría con otros socios comerciales cuyas monedas se han revaluado.
Segundo, porque el dólar como moneda de reserva internacional está siendo fuertemente criticado, y se escuchan voces de peso que proponen un nuevo instrumento monetario que lo sustituya. El máximo jerarca del Banco Central de China, Zhou Xiaochuan, lidera las peticiones para reemplazar el dólar. Autoridades de otras naciones, como India, Rusia y Brasil también han afirmado que “el dólar no está cumpliendo su función como referente mundial y es en parte responsable por la inestabilidad económica global”. ¿Cuál sería el futuro del dólar y de los países dolarizados si se modificara la arquitectura monetaria mundial?
Un tercer elemento que hace inoportuna la adopción del dólar son los cambios que se están produciendo en el sistema financiero estadounidense, cuyas repercusiones aún no conocemos y que responden mayormente a críticas hechas a la conducción del Banco de Reserva Federal, especialmente en la época de Alan Greenspan, que ha reconocido que se equivocó en sus actuaciones. ¿Queremos tener mayor exposición a los errores de los jerarcas de la Fed o preferimos que sean nuestros funcionarios los que nos rindan cuentas; además de tener una moneda propia que nos permita mitigar, por la vía cambiaria, esos desaciertos?
Frente a estas realidades la propuesta libertaria de dolarizar la economía nacional resulta, francamente, muy inoportuna.