Rodolfo Piza

Rodolfo Piza

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Miércoles 11 Mayo, 2016

 Tan importante como lograr la mayor “igualdad real”, es lograr que las mujeres y los grupos discriminados, se empoderen y asuman mayores roles y mayor equidad en la asignación de las funciones que cumplen

Discriminación: atacar sus causas y efectos

La igualdad ante la ley no solo pretende la igualdad formal. Tiene también vocación de igualdad real. Conforme a la jurisprudencia constitucional, esta última puede justificar determinadas discriminaciones que persigan propósitos benignos (“affirmative actions”) a personas o grupos históricamente discriminados.
La Corte Europea de Justicia ha establecido que la acción afirmativa es un objetivo permitido en la Unión Europea, siempre que la medida sirva para un propósito legítimo y que la distinción de trato sea proporcional a la situación discriminatoria que se pretende enfrentar. En Estados Unidos se exige demostrar que ellas son medidas excepcionales que sirven para un propósito legítimo y que son necesarias (no simplemente útiles) para impulsar la igualdad y para enfrentar discriminaciones para las que otros remedios han demostrado ser fallidos.


En América Latina, las acciones afirmativas han sido validadas incluso por la Corte Interamericana de Derechos Humanos. En Costa Rica han venido estableciéndose legislativa y constitucionalmente; por la Sala Constitucional y por el Tribunal Supremo de Elecciones. La forma más contundente de acción afirmativa es la asignación de “cuotas paritarias” para garantizar una mayor representación de las mujeres en los entes gubernamentales (o incluso privados).
Las llamadas “cuotas”, se fundan en la constatación de una historia de discriminaciones fácticas de “grupos” o “segmentos” sociales (mujeres, negros, indígenas, personas discapacitadas, etc.), que se quiere corregir a través de mecanismos regulatorios dirigidos a atacar los efectos de esa discriminación.
Pero no basta con atender el problema de la discriminación fáctica e histórica en sus consecuencias. Las cuotas podrían lograr la meta definida: mayor porcentaje de mujeres en la Asamblea Legislativa, por ejemplo, pero puede evadir los problemas en su raíz, al ocultar las causas que provocan una menor participación y representación de mujeres.
Tan importante como lograr la mayor “igualdad real”, es lograr que las mujeres y los grupos discriminados, se empoderen y asuman mayores roles y mayor equidad en la asignación de las funciones que cumplen, en función de su libertad.
Si la maternidad engrandece a las mujeres, pero dificulta sus carreras profesionales; si el hacinamiento urbano afecta la capacidad para progresar o simplemente para escapar de la criminalidad o de la drogadicción. Si esos problemas no se atienden en sus causas, podemos alcanzar una igualdad de resultados, pero seguiremos enfrentando discriminaciones. Medidas alternativas como licencias de maternidad y de paternidad o el apoyo para vivienda, guarderías y educación para los hijos menores o discapacitados, por ejemplo, pueden ayudar más a las carreras profesionales o laborales de las mujeres. No digo que unas medidas excluyan a las otras. Al contrario, lo que digo es que si las cuotas han de imponerse, asegurémonos de que ellas no oculten los problemas de fondo.
Que Catalina la Grande haya gobernado Rusia con mano de hierro y guantes de seda, no alivió la desigualdad en que vivían las rusas bajo su gobierno. Las cuotas pueden lograr la igualdad en el parlamento, pero no deben ocultarnos las causas de la discriminación que enfrentan las mujeres en Los Cuadros.
 

Rodolfo E. Piza Rocafort