Luis Alejandro Álvarez

Luis Alejandro Álvarez

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Miércoles 27 Septiembre, 2017

¿Diputados nacionales?


Antes del pluripartidismo hubo dos partidos políticos que dominaron el panorama electoral y, como resultado, en el Congreso prevalecieron dos fracciones grandes, casi siempre de unos 25 diputados (mínimo), y algunas fracciones menores. Durante ese periodo los partidos otorgaron un privilegio a los que resultasen electos como sus candidatos: escoger un número de puestos que serían asignados por el candidato.

El objetivo era llevar postuladas a personas de reconocimiento nacional y de confianza del candidato.



Se les puede escoger en cualquier provincia y en el puesto de la lista que decida el candidato presidencial.

Así surgieron los hoy mal llamados candidatos “nacionales”.

Al haber dos fracciones dominantes, permitía que los diputados postulados por las bases tuviesen los espacios suficientes para nominar a los representantes de las diferentes comunidades en puestos elegibles.

Hoy esa no es la realidad. Se relegan a puestos no elegibles los candidatos escogidos por las bases.

En la realidad actual, con una ciudadanía mucho más informada, y fracciones reducidas, esta modalidad sirve para consolidar círculos de poder.

Con el pluripartidismo, si una agrupación política logra llevar 20 diputados, puede decirse que ha tenido una campaña muy exitosa, aunque no implica un triunfo como para llevar a Zapote a su candidato.

Con esta nueva realidad, ya no hay razón para que las estructuras partidarias otorguen a los candidatos ese privilegio.

En el caso de Liberación Nacional, el candidato hizo el nombramiento de cuatro postulantes que son escogidos por sus méritos, según el criterio del señor Álvarez Desanti.

En el caso de Acción Ciudadana, contradicción de contradicciones, el candidato Alvarado tuvo el privilegio de escoger a dedo a siete de los postulados.

Obviamente los candidatos de estos partidos hacen su escogencia de puestos elegibles en las listas de cada provincia, y esto deja relegados a puestos de difícil elección los candidatos que surgen desde las bases y que han dado la lucha junto a los partidarios de las comunidades.

Un caso particular fue la reforma que hizo la Unidad Social Cristiana, donde se eliminó ese privilegio.

El hoy candidato Piza no escogió a ninguno de los candidatos a diputado.
 
En este caso particular, la elección de quienes postula se trasladó a que fuera cada Asamblea Provincial la que escoja los nombres que irán en cada lista sin injerencia de personas de otras provincias y sin injerencia directa del candidato.

Esta puede ser una de las razones por las cuales las elecciones pasadas, luego de una campaña difícil y con un cambio de candidato a última hora, este partido logró en la nómina presidencial un 6,7%, y en la nómina al Congreso superó el 10% de los votos válidos, generando una fracción de ocho diputados. La más alta desde la crisis de inicios de siglo.

Hubo una identificación de las bases del partido con los candidatos a diputado.

Hoy vivimos un sentimiento generalizado de que los diputados no nos representan a los ciudadanos, que hay un divorcio entre quienes llegan a Cuesta de Moras y el ciudadano de a pie.

Si los partidos mantienen este injustificado privilegio, se continuará alimentando esa idea, ya que estos diputados nacionales no pasan por un proceso de escogencia desde las bases y pone cierta distancia entre ellas y aquellos que llegan al Congreso.
Si bien es cierto, existen varias propuestas para modificar el sistema de elección de los candidatos, no ha habido voluntad política para hacer avanzar ninguna de las iniciativas.

Es mucho más sencillo que los partidos que mantengan esta modalidad hagan las reformas estatutarias que los eliminen o reduzcan a un mínimo, uno o dos, para que se incentive la participación de los ciudadanos en los procesos de escogencia internos, y estos no vean defraudadas sus preferencias manifestadas al renovarse las estructuras.

Así se invitaría a quienes se identifican con los postulados de las diferentes agrupaciones, y los colores de su bandera, para que se acerquen y se involucren en la política.