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Viernes, 18 de septiembre de 2020



EDITORIAL


Dinero público: clama por sensatez

| Viernes 07 diciembre, 2012



No solo hay que bajar los gastos sino ser más eficientes y brindar mejores servicios con lo que tenemos. Ojalá 2013 venga impregnado de sensatez


Dinero público: clama por sensatez

Si en el año que está terminando los costarricenses han estado preocupados por un déficit fiscal que obligó al país a endeudarse en el exterior, todos esperarían que nuestras autoridades hayan aprendido de la experiencia y tengamos un 2013 mejor en este sentido y en muchos otros.
El buen uso de los dineros públicos debería ser una de las principales preocupaciones del gobierno central y de las instituciones autónomas. No solo hay que bajar los gastos sino ser más eficientes y brindar mejores servicios con lo que tenemos.
Para esto los gobernantes cuentan, en las instituciones autónomas, con las juntas directivas que se integran con una mayoría de miembros nombrados por el Ejecutivo, quien también designa al presidente de la misma.
Por ejemplo, y para hablar de una de las instituciones más importantes por lo que significa para la mayoría de los costarricenses, la Caja, ha realizado este año una tarea para corregir la falta de un adecuado cobro de sus cuentas, pero esto significó, hasta la fecha, escasos resultados.
La Caja ha cobrado mejor en el último tiempo a la empresa privada, pero no ocurre lo mismo con el gobierno que se ha convertido en el principal deudor con un monto de más de ¢1 billón a octubre pasado.
El gobierno “paga” a la Caja con bonos, es decir, promesas firmadas en un papel de reembolso a futuro, dice una nota de este medio ayer. Pero la institución tiene que pagar en efectivo a su personal así como a los proveedores.
Pero deberle todo eso a la Caja no es el único problema que el gobierno ocasiona en detrimento de los asegurados. Para citar solo un ejemplo, recordemos que en la administración anterior se aumentaron como 11 mil plazas en la Caja pero no mejoró en nada la atención en los hospitales.
Inevitablemente surgen varias preguntas, solo en este puntual asunto entre tantos otros:
¿Adónde fueron destinadas esas 11 mil plazas? ¿A las oficinas centrales? ¿Cuántas de ellas fueron para las innumerables deficiencias de los hospitales que no cuentan con el personal médico, paramédico y técnico suficiente para acabar con las listas de espera? ¿Por qué con ese incremento tan grande de personal no terminaron dichas esperas para atención y exámenes?
Como decíamos al inicio, ojalá  2013 venga impregnado de sensatez.

 





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