María Luisa Avila

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Viernes 22 Agosto, 2014

En el mundo cada vez más globalizado, las enfermedades infecciosas que parecen lejanas, pueden estar más cerca de lo habitual


Dilemas éticos de la epidemia del Ébola

Cuando la humanidad se enfrenta a un riesgo global surgen una serie de interrogantes no solo médicas o de salud pública, sino de orden ético.
Recientes experiencias como la pandemia por AH1N1 de 2009 lo confirmaron. Hoy de nuevo surge una amenaza global: el ébola, enfermedad previamente circunscrita desde 1976 a las zonas más pobres de África, pero que dada la magnitud del brote la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha llamado a una alerta mundial.


La alta mortalidad del Ébola en África no es solo debida a la virulencia del agente infeccioso, sino a las condiciones sociales: pobreza, no acceso oportuno a los servicios de salud, condiciones sanitarias generales, estado de salud, costumbres ancestrales y nutrición de las personas infectadas.
Aunque no hay un tratamiento específico, la aplicación experimental del ZMapp para tratar a los dos estadounidenses y un español, ha generado un debate público.
La pregunta de rigor es ¿por qué no tratar primero a los africanos? Sin embargo, no hay evidencias que sea el tratamiento experimental el que mejoró a los norteamericanos —el misionero español falleció— quienes recibieron cuidados de primer mundo. La situación inversa, tratar primero africanos hubiese generado las suspicacias usuales de “conejillos de Indias” o la epidemia inventada para favorecer intereses económicos. Temas que no deben escapar del análisis bioético.
Ante la tasa de letalidad tan elevada, los estudios clínicos deben acelerarse, el medicamento debería usarse bajo protocolos compasionales estrictos, un panel de expertos en bioética debe darle seguimiento al respeto por los derechos de las personas y que siempre de previo se solicite consentimiento informando.
Un grupo de expertos en la materia deberán analizar los resultados clínicos en los pacientes tratados. A la fecha, hay reporte de tres médicos africanos infectados que han usado el medicamento.
Todas las acciones que se realicen en África para contener al Ébola, con la ayuda internacional en recursos médicos, epidemiológicos y económicos reducirá el riesgo de la propagación del virus al resto del mundo.
Este brote con características epidémicas debe hacernos reflexionar, en el mundo cada vez más globalizado, las enfermedades infecciosas que parecen lejanas, pueden estar más cerca de lo habitual, ningún país esta exento de sufrir su impacto, sea directo o indirecto.
La valoración ética debe incluir la ayuda internacional a países menos desarrollados, las acciones como ley universal, imperando la ética por convicción de la que hablaba Max Weber.

María Luisa Ávila