Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 24 Agosto, 2016

Arias y Solís podrán tener diferencias en algunos asuntos, pero son adversarios; no enemigos acérrimos. Por lo demás, tienen mucho pensamiento y capacidad de aportarle al país

Hablando Claro

Diálogos políticos

Nos va tomando tarde en este país bendito, para asimilar el hecho incuestionable de que es necesario que los actores políticos se sienten a conversar no esporádica, sino habitualmente. Tenemos la urgentísima necesidad de hacer un esfuerzo por restablecer mínimos puentes de confianza. El problema, no es por supuesto únicamente de la política. Lo vivimos a diario en todos los estamentos. Ahí están los abogados trenzados en una pugna gremial que habla pésimamente de sus capacidades de intermediación en el estado de derecho. Es solo un ejemplo, pero podemos reproducirlo muchas veces. Todos confrontados. Todos demandados. Queriendo muchas veces, no justicia, sino linchamiento.
No se trata entonces de echarles tierra a los políticos y a la política. Inferir que es la pugna por el acceso al poder político lo que tiene disminuidas las capacidades dialógicas no solo es una distorsión de enfoque, sino también una evasión de las propias limitaciones que acusamos los costarricenses todos para encarar nuestras diferencias y buscar caminos de encuentro. Lo que sí es incuestionable es que el restablecimiento de nuestros maltrechos lazos deliberativos pasa indefectiblemente por la puesta en el escenario político (el más visible y mediático por excelencia) de actores relevantes.
Ottón Solís dio el primer paso hace unos meses cuando propuso forjar un acuerdo nacional para ir dándole forma al próximo ejercicio gubernamental. Y el expresidente Óscar Arias recogió el guante y algo que debería ser usual fue entonces una gran noticia, porque debió transcurrir casi una década para que ambos indiscutibles líderes políticos se encontraran nuevamente.
Arias y Solís podrán tener diferencias en algunos asuntos, pero son adversarios; no enemigos acérrimos. Por lo demás, tienen mucho pensamiento y capacidad de aportarle al país y es notorio que sus coincidencias suman más que sus diferencias. Celebremos que se reúnan muchas veces y aunque suene muy ingenuo, esperemos que sus agrupaciones junto con otros líderes de otras agrupaciones, puedan entender que estamos urgidos de encuentros y entendimientos. Como dice el politólogo Gustavo Araya, no podemos hacer lecturas miopes en demérito de las agendas que debemos construir intra partidariamente y también entre los partidos políticos. En este sentido, resulta insoslayable la responsabilidad que tiene Liberación Nacional, como la más importante minoría del país para tomarse muy en serio la propuesta de Solís y no rechazarla a priori, sea porque no resulta de su autoría, o peor aún porque quien les pide que la consideren como viable y necesaria es el propio don Óscar Arias. Claro que el guante también las cae a las demás divisas políticas. Ninguna, que se precie de su seriedad, puede declinar los requerimientos del diálogo político. Es negar su naturaleza y demuestra una gran debilidad en detrimento de los intereses nacionales. No hay ningún actor en capacidad de llevar adelante un proyecto país sin acompañamiento. En esta democracia. Ni en ninguna otra. Y en este sentido, no tiene sentido navegar solos a la deriva. Solo porque parecemos empecinados en mantenernos aislados, los unos de los otros.