Humberto Pacheco

Humberto Pacheco

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Martes 15 Mayo, 2012


TROTANDO MUNDOS
Despedidas y Bienvenidas


El país pierde mucho con la partida de Doña Rocío Aguilar, Contralora General que se va de su cargo con la frente en alto por el deber cumplido, como pocos funcionarios. Su gestión se dio bajo parámetros de probidad y compromiso con el país. Su lógica sucesora, la Sub-Contralora, ya debería estar electa en un acto de media hora. Pero eso no se pudo porque el PAC una vez más convirtió el Congreso en una carpa de circo.
Damos la bienvenida al nuevo Ministro de Hacienda, don Edgar Ayales, y le deseamos éxito en su empeño. Su experiencia financiera internacional nos hace esperar una buena gestión, sobretodo en lo tocante a despilfarro y corrupción, con lo que daría por resuelta la situación fiscal. Esperamos que no se aferre a la tesis de algunas agencias internacionales de querer llevarnos a los niveles de tributación de otros países de la América Latina. Por mucho que el señor Ministro haya residido fuera de Costa Rica, tiene forzosamente que saber que en este país no hay ejército. Esa lacra se come una parte sustancial de los ingresos estatales, por lo que no hay razón lógica para querer equiparar a Costa Rica con esos países.

También esperamos que termine con la peligrosa costumbre de mandar los inspectores fiscales a quienes critican al Gobierno. Es una afronta a nuestra constitución y a nuestra democracia. Tampoco parece justo que si a alguien lo auditan y sale limpio, poco tiempo después le receten otra auditoría. Salir limpio de una auditoría fiscal tiene dos connotaciones, la propiamente legal y la económica, por tener un costo tan alto y causar un trastorno mayúsculo en la operación. En vez de eso, hay muchos protegidos políticos sospechosos tras los cuales ya es hora de ir. Así podrán gravarlos y además detectarles ingresos ilegales.
Se nos hace complicado entender porque el MOPT ha convertido la relación con Riteve, un ente que tanto bien ha traído a la salud de los costarricenses como resultado de una concesión pública legal que establece parámetros, en una batalla campal.
Las concesiones públicas no se otorgan para que los Ministros de esto o de aquello las manejen a su antojo o al que su bipolaridad dicte, sino para que se den dentro de un marco contractual que el propio Estado es el encargado de establecer.
El Estado dicta lo que quiere y el que obtiene la concesión se compromete a cumplir con esos parámetros, plasmados en un instrumento jurídico. En buena praxis, no debe quedar nada al albedrío de nadie. Sí luego no le gusta a alguien, no le queda más remedio que tragárselo y cumplir con lo pactado hasta que se venza el plazo y se acabe la concesión.
El que al Diputado Cubero no le gusten los monopolios (a nosotros tampoco- ni privados ni públicos) no tiene nada que ver con que a Riteve se le hagan las alzas tarifarias que contempla la concesión. Estas se deben cumplir para que al terminar la concesión, Riteve se vaya en paz y no con un juicio multimillonario contra el Estado, provocado por autoridades hepáticas.

Lic. Humberto Pacheco A., M.C.L.
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