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Factor aumentó en los últimos dos años, pese a programa Avancemos
Deserción gana pulso en educación

• Sistema debe evitar la masificación e individualizar más la atención para prevenir salida de estudiantes
• Razones económicas y motivación son las principales excusas de los jóvenes que abandonan la secundaria

Pablo Mora
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Si las matemáticas son la pesadilla histórica de los estudiantes costarricenses, las vacaciones de medio periodo son el coco de las autoridades de Educación, debido al importante número de alumnos que decide abandonar su colegio.
Ferias creativas y artísticas, actividades deportivas, fiestas de regreso a clases y centros de estudio, no obtienen aún el suficiente atractivo para evitar que algunos colegiales dejen vacíos sus pupitres ante las bajas calificaciones, el desinterés por la materia o la pobreza que vive su familia.
Ni siquiera Avancemos, el programa social que ha sido promovido por el gobierno desde el inicio de esta administración, ha logrado mermar el ausentismo en las aulas, pese a la contribución económica que realiza entre las familias de menos recursos económicos.
Lo cierto es que la situación ha empeorado. En 2004 la deserción de medio año alcanzó el 4,2% en secundaria. Los datos de 2005 no fueron recopilados debido a la orden de un alto jerarca del Ministerio de Educación (MEP) en ese momento. Pero en 2006 ese porcentaje llegó al 6,5% y el año pasado obtuvo un 6,4%.
El alto número de alumnos por clase, principalmente en colegios ubicados en zonas rurales y de vulnerabilidad social, es otro de los temas que tanto preocupan al sector Educación. Esta masificación provoca que el estudiante se sienta más un número que una persona.
Los dos grados en los que la deserción se percibe más fuerte en los colegios son sétimo y décimo año. Para Alejandrina Mata, viceministra de Educación, es aceptable que el primer curso lectivo de secundaria presente la dificultad de adaptarse a una nueva institución, mas no comprende el motivo del aumento en las bajas estudiantiles durante la educación diversificada.
“Uno llega a entender que a los jóvenes les cueste asimilar ese cambio de la escuela al colegio, pero lo que sí no logro asimilar, por más que me lo expliquen, es la razón por la cual los estudiantes se van en décimo año. Sabemos de algunos casos en que las familias ponen a sus hijos a trabajar o simplemente no creen en la educación”, relató Mata.
El lugar donde viva el estudiante determina mucho sus posibilidades de concretar un futuro promisorio.
El significado que tiene el sistema educativo no es el mismo para un joven de clases acomodadas que para un muchacho proveniente del campo o de zonas de extrema pobreza, ya que mientras para el primero se forma para copiar los patrones de sus padres, el segundo puede verlo como una limitante de actividades más “interesantes”.
“Si los padres de familia son preparados, los muchachos van a querer igualar ese esquema. En familias monoparentales o disfuncionales es más fácil que se abandone el colegio debido a la falta de una motivación familiar”, comentó Minor Mora, subdirector de la Escuela de Sociología de la Universidad Nacional.
Además, el afán por consumir podría incidir en la decisión de abandonar los estudios para percibir algún beneficio económico, aunque sea en un puesto de poca estabilidad laboral, explicó el sociólogo.
Ante esta situación, se dispuso capacitar a los docentes afiliados a la Asociación de Profesores de Segunda Enseñanza (APSE) para que visiten las casas de sus alumnos y convenzan a los padres de familia de la importancia de mantener a sus hijos dentro de las aulas.
A la cartera de Educación le preocupa también este panorama. Por eso implementaron una estrategia denominada Equipos de Atención Prioritaria con el que tratarán de controlar la deserción en los 50 colegios más afectados por esta circunstancia en el país.
Tres serán las propuestas con las que el MEP espera atacar ese problema: primero, solicitar más becas para estudiantes de bajos recursos. Luego, desarrollar actividades de tipo recreativas para promover la educación como algo divertido, y por último, desarrollar sistemas de tutorías o “centros” para que los alumnos con bajo rendimiento académico superen ese bache en el segundo semestre.
“El año pasado se redujo la deserción (0,1%) y se lo atribuimos al efecto que ha tenido Avancemos. Sin embargo no sabremos el verdadero dato hasta que termine el año”, explicó Mata.
Los frutos de Avancemos fueron criticados por Beatriz Ferreto, directora ejecutiva de APSE. La falta de control por parte del Estado para saber si las familias subvencionadas mantienen a sus hijos hasta final de año fue su principal argumento para cuestionar ese programa social.


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