Shirley Saborío

Shirley Saborío

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Jueves 30 Noviembre, 2017

Desbalance fiscal

Históricamente en Costa Rica, como en otros países del mundo, el Estado funciona con un déficit casi inercial. Y esto no debiera ser problema si es de un tamaño tal que nos permita avanzar sin comprometer la estabilidad económica. Sin embargo, siempre ha habido momentos en que los gastos son mucho mayores y luego hay que recurrir a una medida extraordinaria para sufragar el déficit.

En un país como Costa Rica donde la explotación de los recursos naturales no es ni será fuente de ingresos al fisco, y donde la salud financiera del Estado pasa por la salud del sector productivo; no debiera ser muy difícil entender que lo que se requiere son más contribuyentes, y no que estos paguen más. Que se necesita una propuesta a través de la cual se obtengan los recursos que se requieren financiados en una tercera parte por nuevos ingresos, otra tercera parte de la reducción de los gastos, y el resto debe ser producto de la dinamización de la economía.

Bajo esta premisa, fácil de decir y difícil de alcanzar, es deseable que se construya una fórmula que nos permita bajo el concepto de eficiencia, una adecuada administración. Es importante pensar que el país requiere una mejor y más moderna estructura tributaria, que pase por crear bases amplias, con pocas tasas de impuestos y fáciles de calcular y pagar. Actualmente existen más de 100 impuestos; lo cual sin duda encarece la administración, incentiva la evasión y promueve la informalidad.

Es fundamental que se hable sí de los gastos del Gobierno central, pero también de las instituciones del Estado que no entran en esta definición como son las autónomas y otras. Instituciones todas que tienen un enorme peso para las finanzas del Estado y que no pasan por el escrutinio público, para bien o no. Es importante ordenar todos estos cargos que de forma automática atentan año con año con la estabilidad de la economía. Me refiero a los incentivos laborales, que muchos de ellos de forma desmedida aumentan independientemente de su eficiencia, y de la capacidad financiera de la institución para la que trabajan. También a aquellos gastos millonarios que las instituciones del Estado deben pagar producto de malas decisiones (pésima gestión) y que sin pena ni gloria se cargan a tarifas públicas en unos casos y a presupuesto en otros.

Pero lo cierto es que un sector productivo dinámico y formal, con confianza para promover mayores inversiones, para generar más puestos de empleo, que pague sus impuestos, y que promueva los encadenamientos con empresas locales, es indispensable para crear círculos virtuosos de crecimiento y bienestar.

Pensar en crear más impuestos específicos sin discutir la eficiencia y la efectividad de los gastos; en transformar impuestos que generen más cargas para todos, sin una promesa de mejora en los elementos esenciales para la vida de las personas como la seguridad, el empleo y las oportunidades en educación y salud; son avenidas que se van cerrando poco a poco.

No en vano se decía antes que el mejor Ministro de Hacienda era una buena cosecha de café, porque cuando las exportaciones del grano crecían, el fisco se beneficiaba. Actualmente, no es diferente, solo que ya no dependemos solo del café. Cuando la economía nacional ha crecido a tasas superiores y sostenidas del 6%, los ingresos fiscales como porcentaje de la producción crecen y esto ha contribuido enormemente en la salud fiscal.

Pero como en cualquier empresa con problemas financieros, es necesario pensar cuáles son los gastos que se deben y se pueden eliminar, promover mayor eficiencia en el uso de los recursos, buscar nuevas fuentes de ingreso y sobre todo, incluir indicadores de gestión que den cuenta de la eficiencia de la administración con la consecuente responsabilidad. Pretender solo que los ajustes provengan de más impuestos que afecten el ingreso disponible de las personas puede ser contraproducente en el corto plazo, pues disminuye el consumo y con este el empleo y la producción. Pensar en aumentar el peso sobre los hombros de los que ya pagan, no es de recibo. Como tampoco lo es cruzarse de brazos y no hacer nada, porque las consecuencias pueden ser peores.

Es importante que los señores candidatos a la Presidencia de la República hablen de sus propuestas para resolver estos temas que son de fondo. Porque sin resolver el problema fiscal, las promesas se quedarán en eso, en promesas, en buenas intenciones. Es importante poner sobre la mesa temas de fondo como la informalidad, el desempleo, el contrabando, las alianzas público privadas y la estabilidad de la economía, para mencionar solo algunos. Es importante hablar del qué, pero más importante conocer las propuestas de cómo piensan llevar a cabo sus propuestas. Elevemos la discusión de la política, superemos la demagogia y hablemos de lo sustantivo.