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Hoy, que los países cuidan su patrimonio cultural para preservarlo del proceso homogeneizante de la globalización, Costa Rica, en general, sigue indiferente a la conservación y estudio de su cultura original, cuyo desarrollo fue interrumpido

Desaprovechamos la cultura

Jamás pudieron imaginar los habitantes de esta tierra, que creaban hermosas piezas como expresión de su cultura unos 400 años antes de Cristo y otros que hacían lo mismo por ahí del año 1200 o 1500, que los que vivirían en otras épocas, posteriores, le darían tan poco valor a su legado.
Cuando aparecen noticias como la que dio este medio ayer en la sección Magazine, sobre 28 piezas precolombinas recuperadas luego de haber sido robadas aquí, exportadas y mantenidas por 12 años en la Embajada de Costa Rica en Italia por no pagar $2.250 o algo más, para traerlas, se hace evidente la forma en que despreciamos y destruimos nuestro acervo.
Esa cultura, original de esta tierra, es el testimonio de la existencia y sensibilidad de civilizaciones que habitaron esta zona del planeta antes de que fueran obligadas a adoptar otros paradigmas.
Hoy, que los países más ricos del mundo cuidan con celo su patrimonio cultural para preservarlo del proceso homogeneizante que puede significar la globalización, nuestros gobernantes, en general, parecen seguir tan indiferentes como casi siempre a la conservación y estudio de esa cultura que podría haberse desarrollado si el proceso no hubiera sido interrumpido. Un reconocimiento al ministro consejero que se ofreció a repatriar las piezas como parte de su menaje de casa.
Hermosas piezas de jade, barro y piedra evidencian una estética que podría ser la base de nuestras modernas creaciones (no solo artísticas sino artesanales e industriales) y distinguirse con su autenticidad y belleza en el mundo. En vez de hacer eso, las hemos dejado durante años fuera de Costa Rica como si no merecieran la inversión de unos pocos dólares para traerlas al lugar de donde nunca debieron salir.
Se fueron de aquí, esas piezas precolombinas, por la ambición y deshonestidad de alguien y permanecieron muchos años fuera por la falta de conciencia e interés de otros. Imposible evadir la responsabilidad de señalarlo. No son olvidos circunstanciales estos. Son el reflejo de una pobre conciencia que no permite sobrepasar generalmente la retórica en torno a la cultura. No hemos alcanzado aún la estatura de nuestros lejanos antepasados.
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