Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 1 Octubre, 2015

Se le estrecha el espacio a Rajoy y se le debilita su brazo político

De cal y de arena

Desafíos para Cataluña y para España

Las elecciones parlamentarias realizadas el domingo pasado en Cataluña, muestran la existencia de una sociedad profundamente polarizada entre los partidarios del independentismo y los que resisten las presiones de un cambio tan radical.
Los primeros se hicieron de 72 curules en un parlamento de 136, una victoria inapelable que —sin embargo— no les otorga los necesarios respaldos de amplia y uniforme base para acometer el proyecto en las críticas etapas que le restan.


Los números muestran una sociedad muy dividida. De un lado un bloque ganador con inocultables diferencias internas en punto a estrategias a seguir a la hora de conformar el nuevo gobierno regional, y con visiones aún más disímiles en el tema de las concepciones filosóficas y políticas del Estado y de la sociedad.
Y en el otro lado, un heterogéneo conglomerado en el que se identifican los rescoldos del bipartidismo (el Partido Popular y el Partido Socialista de Cataluña, los grandes derrotados), “Cat si que es pot” un partido radical de izquierda, que no favorece el secesionismo, y “Ciudadanos”, un movimiento de sangre nueva, brioso, retador, pintado con vocación derechista, virtual enterrador del PP y del PSC al arrebatarle grandes respaldos y segunda fuerza política de Cataluña a partir del domingo.
De frente a este diverso y disperso mosaico regional, un gobierno nacional presidido por Mariano Rajoy, carente de prestigio y poder de orientación en Cataluña, y con su agrupación política, el Partido Popular, en convulsiones desde que se hizo pública la disconformidad por la forma en que el jefe del Ejecutivo gestiona el expediente de Cataluña.
José María Aznar, el ex primer ministro que hoy ocupa la presidencia honoraria del PP y que es reconocido como el mejor calificado político de la derecha, encendió la hoguera con sus declaraciones al diario El Mundo de este lunes donde interpreta el resultado de los comicios como la derrota que compromete el futuro político del PP y lo ubica en el peor escenario posible, dada la invasión de sus predios por “Ciudadanos” y lo que dice ser —en el plano nacional— la confirmación de que “el electorado del PP no está contento con cómo están las cosas”.
Aznar critica que no se atienda este clamor y advierte que el proceso secesionista catalán va a continuar incluso más radicalizado, sin que el gobierno tenga una política acertada al respecto.
Las brasas, pues, afloran en el bloque oficialista, de seguro aventadas por la tozudez de Rajoy en sus interpretaciones de la realidad catalana y su estrecha oferta de “diálogo y lealtad institucional dentro de la legalidad constitucional”.
Tras lo de Cataluña, Íñigo Urkullu, el lehendakari vasco, anuncia estudiar una consulta para que los vascos digan qué rumbo tomar. Se le estrecha el espacio a Rajoy y se le debilita su brazo político. Como lo dijo un editorial de El País, el gobierno debe abrirse al diálogo, escuchar el grito de cambio y buscar una solución política, no jurisdiccional. Es el mismo parecer de los gremios de empresarios y trabajadores que sin respaldar el independentismo, abogan por otra concepción de las relaciones del Estado con las comunidades de España.

Álvaro Madrigal