Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 27 Enero, 2016

 El punto aquí es que las advertencias de un futuro tan desafiante para la generación de nuevos empleos deberían conducirnos ya a la adopción de nuevas medidas de política pública en educación y también —aunque no hayamos querido hacerlo— respecto de las determinantes de nuestro mercado laboral

Hablando Claro

Desafíos de hoy

El gran tema del Foro Económico Mundial de Davos la semana pasada fue el informe (El futuro de los trabajos) que advierte que en los próximos cinco años, en 15 países desarrollados habrá una pérdida neta de 5 millones de empleos como producto de la llamada Cuarta Revolución Industrial, que básicamente se traduce en que la preeminencia de modernas tecnologías (robótica, nanotecnología, impresión 3D, biotecnología) desplazará a grandes contingentes de trabajadores en todas las industrias, pero con mayor énfasis en el sector salud, la energía y los servicios financieros. Según se prevé, dos tercios de los trabajos malogrados se producirán en tareas administrativas y de oficina, pues las máquinas están sustituyendo aceleradamente muchas tareas. Es por eso, que el informe advierte que las mujeres serán las grandes perdedoras de esta revolución en marcha. Tan claro como que los hombres ganarán un trabajo por cada tres que se pierdan, mientras las mujeres solo alcanzarán uno por cada cinco de los perdidos. Esto por cuanto la proyección señala que se perderán 7,1 millones de empleo y se generarán 2,1 millones, para la pérdida neta de 5 millones al finalizar la década.
Si a esta desafiante advertencia del Foro se suman las proyecciones de la Organización Mundial del Trabajo que había planteado la pérdida de 11 millones de empleos a 2020 en el globo, la situación es aún más atemorizante (por llamarlo tímidamente).
El punto aquí es que las advertencias de un futuro tan desafiante para la generación de nuevos empleos deberían conducirnos ya a la adopción de nuevas medidas de política pública en educación y también —aunque no hayamos querido hacerlo— respecto de las determinantes de nuestro mercado laboral. Es decir, debemos adecuar las regulaciones contractuales existentes a la realidad, de modo que sin sacrificar lo bueno que tenemos, no quedemos anclados a normativas rígidas que no permiten establecer nuevas vinculaciones de beneficio para la atracción de inversiones de esta cuarta revolución y consecuentemente para la generación de esos empleos cualificados.
Todos sabemos que a pesar de los esfuerzos realizados tenemos un desbalance que hace que por un lado haya gente sin capacitación quedando en el desempleo o fuera de las estadísticas porque ya no busca una opción laboral, mientras que por otro lado hay empresas que no logran encontrar todo el personal especializado que requieren.
Pero además, también hay arreglos a las condiciones laborables que están haciendo patronos y trabajadores incluso al margen de la rigidez de los esquemas legales existentes y la verdad deberíamos disponer de un marco más propicio para esos acuerdos de modo que tengamos más y mejores opciones de vinculación laboral, sin auspiciar por necesidad que algunos den rodeos o busquen subterfugios y portillos normativos para dar y recibir servicios.
Pienso que ahora que un acuerdo político sorpresivo y esperanzador selló la sobrevida de la reforma procesal laboral que estaba casi enterrada, sería ideal soñar que empresarios y sindicalistas pudieran volver a sentarse nuevamente a buscar algunas vías de acuerdo a la vetusta normativa de nuestro mercado laboral. La realidad del presente y el futuro inmediato así lo exige.
Claro, que no se puede obviar que antes que cualquier arreglo de este tipo, no nos queda más que lograr un acuerdo de saneamiento de las finanzas públicas tan pronto como en este 2016, como urgen los organismos financieros y la cruda realidad. No podemos pensar en generar más y mejor oferta de empleo, si no tenemos la capacidad de enviar señales positivas a los mercados y las calificadoras de riesgo respecto de nuestro potencial de ser un mejor lugar para ubicarse, crear empresas y hacer negocios que redunden en mayor desarrollo en este competitivo mundo de hoy.

Vilma Ibarra