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Derrumbe de Lehman Brothers sacude las bolsas de todo el mundo

Nueva York
EFE

El derrumbe de Lehman Brothers y la venta de Merrill Lynch para evitar algo parecido sacudieron hoy las bolsas de todo el mundo, aturdidas por el devastador efecto que la crisis crediticia desatada hace un año en Estados Unidos está teniendo en los mayores bancos de inversión del país.
La incertidumbre que se apoderó de las bolsas en las últimas sesiones dejó hoy paso al pánico, especialmente en Wall Street, ante la constatación de que el Gobierno estadounidense y la Reserva Federal (Fed) no van a intervenir para evitar que la crisis se cobre víctimas tan emblemáticas como Lehman Brothers.
Hasta el momento, el Departamento del Tesoro y la Fed habían intervenido en los grandes colapsos empresariales causados por la crisis, secundando los rescates de Bear Stearns hace seis meses y de Fannie Mae y Freddie Mac el mes pasado.
Sin embargo, la semana bursátil arrancó con dos de las noticias empresariales más duras en la historia moderna de las finanzas de Estados Unidos: el anuncio de quiebra del que fuera el cuarto mayor banco de inversión, y la compra por Bank of America de Merrill Lynch, la mayor y más célebre correduría del mundo.
Se trata del peor desayuno que han tenido que digerir Wall Street y el resto de los mercados desde que hace un año se desató la crisis, originada por la desproporcionada cantidad de instrumentos de deuda vinculados a hipotecas y su infiltración en casi cada rincón financiero del planeta.
El desastroso despertar de Wall Street (donde se registraban descensos del 3%) se veía anticipado por fuertes bajadas en las bolsas de todo el mundo, comenzando por Asia, aunque allí muchas plazas permanecieron cerradas por ser festivo.
El relevo lo tomó Europa, donde hubo descensos del 4,5% en Madrid, 2,74% en Fráncfort, 3,66% en Milán, 3,83% en Zúrich y 3,75% en París, y luego Latinoamérica, que también abrió a la baja, con caídas del 3,42% en Buenos Aires, 2,22% en México.
Ante una situación que el candidato presidencial demócrata Barack Obama calificó como la “crisis financiera más seria desde la Gran Depresión” de los años 30, los bancos centrales se aprestaron a ofrecer liquidez a un sistema en el que se mueve mucho más dinero del que realmente existe, por lo que resulta vital que este no deje de moverse.
Incluso un grupo de diez grandes bancos anunció la creación de un fondo conjunto de 70.000 millones de dólares con el mismo propósito, en un día en el que Lehman Brothers echa el cierre a sus más de 150 años de historia.
El pasado viernes, los empleados de la sede del banco ya dejaron la oficina de Manhattan sabiendo que a la firma como tal le quedaban muy pocas horas de vida, y durante el fin de semana se pudo ver a muchos de ellos mientras se llevaban en cajas sus pertenencias.
Ese día la entidad cerró la peor semana de su historia en bolsa (con un descenso del 77,4%) y negociaba ya su propia venta, creyendo que alguien querría entrar en su capital para tratar de reflotarlo o sacar partido de alguna de sus áreas de negocio.
Sin embargo, después de un fin de semana de reuniones entre ejecutivos de las mayores entidades financieras del país y responsables de la Fed, nadie ha querido meterse en líos sin el respaldo de Washington.
Hoy el banco daba coletazos agónicos en Wall Street, donde sus títulos llegaban a negociarse a quince centavos, frente a los 59,5 dólares que valían hace un año.
Para evitar que en Merrill Lynch, la mayor correduría del mundo, se repita la misma historia, sus responsables han acordado con su venta a Bank of America, el banco con más depósitos de EE.UU., que pagará 29 dólares por cada título, lo que supone una prima del 70% respecto al precio del viernes.
De integrarse con éxito, ambas podrían rivalizar con Citigroup, líder en el país por activos, aunque la operación no está exenta de riesgos, pues el banco aún digiere la compra de Countrywide y la salud financiera de Merrill Lynch no está garantizada.
Lo que sí es seguro es que de terminar operando juntas, lo harán en un sector completamente diferente al que existía antes de que estallara la crisis crediticia y la burbuja inmobiliaria en EE.UU.
Desde entonces, miles de puestos de trabajo se han perdido y grandes empresas estadounidenses han desaparecido, mientras que el consumo del país se ha ralentizado, debido a las subidas de los tipos de interés -lo que ha disparado los impagos de hipotecas- y al encarecimiento del carburante y los alimentos.
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