Humberto Pacheco

Humberto Pacheco

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Martes 19 Mayo, 2009


TROTANDO MUNDOS
Derechos Humanos Seriamente Violados

Nos tiene verdaderamente decepcionados el sepulcral silencio del Colegio de Abogados y la Facultad de Derecho de nuestra Alma Mater —la Universidad de Costa Rica-— ante el horroroso asesinato del abogado guatemalteco Rodrigo Rosenberg, ocurrido en la Capitanía General de Centro América. Sí bien estamos acostumbrados a las violaciones de derechos humanos en Guatemala, ésta tiene el vergonzoso mérito de ser precedida de dos homicidios relacionados, el de un empresario y el su hija.
Recordamos como en los años sesenta los estudiantes de derecho nos echamos a la calle más de una vez, a protestar vehemente contra las atrocidades de Somoza y otras iniquidades políticas de una Latinoamérica colmada de dictadores, con el espíritu —y a veces algo más— de quienes pretenden convertirse en los custodios de la justicia.
También esperábamos una actitud pública y valiente de nuestro colegio profesional, cuya poca participación en nuestra sociedad es cada vez más notoria.
Comentábamos que Latinoamérica retrocede; Guatemala es la excepción. No puede retroceder quien se encuentra ya en lo más hondo del foso, como es el caso de ese sufridísimo país. Durante mucho tiempo hemos venido apoyando un acercamiento con América Central que lograra borrar la imagen de que los costarricenses nos creemos más que los demás “hermanos” centroamericanos. Esta tragedia es el campanazo para que volvamos los ojos a nuestros orígenes universitarios y afirmemos que “Si, si somos mucho más que esos trogloditas”.
Basta con echar un vistazo al área centroamericana y, salvo Panamá, que ha hecho grandes progresos en su democratización, que es un país de avanzada y que nunca realmente se ha integrado a la zona, la injusticia sigue siendo la norma y hay una enorme tarea pendiente para llevar a la justicia a los grandes trasgresores de derechos humanos.
Sí se ha acortado la brecha no es porque los demás países hayan avanzado, es sólo porque nosotros hemos dejado caer la bola. Y eso es lo que acabamos de hacer en las Naciones Unidas.
A escasas semanas de colocarnos en la cúspide del mundo en el Foro de las Américas, Costa Rica comete una gruesa violación a los derechos humanos votando por la dictadura china para que ésta continúe ostentando un puesto en la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Habrase visto cinismo más grande: un país que doblega al Tibet —y a su propio pueblo— por la fuerza y la violencia, mantiene un puesto en el más alto órgano mundial de los derechos humanos, el mismo que debería sancionarlo, gracias al apoyo de la más pura democracia de América.
Lo más triste es que esta conducta no refleja las creencias de Costa Rica, garante de derechos humanos y asilo tradicional de los perseguidos religiosos y políticos de todos los rincones del mundo.
Habíamos tocado muy por encima la forma poco ética como se le aceptaron las últimas migajas a China nacionalista y luego se le descartó para abrirle campo a las exigencias de China comunista. Y también, aunque nos molestó, la poco transparente negociación de los bonos. Pero vender el alma al diablo por una plato de lentejas, a costas del valor más preciado de esta sociedad —los derechos humanos— es demasiado. Por unas cuantas monedas de plata han vendido nuestra conciencia.
En este momento China cuenta con suficiente dinero, producto en parte de los salarios de hambre que se paga a los trabajadores en ese “paraíso”, como para comprar el silencio cómplice de muchos países. Hasta los más poderosos se encuentran subyugados financieramente, por lo que no esperamos cambios ni sanciones a mediano plazo. Habrá que esperar el despertar de nuevas generaciones éticas y el fallo implacable de la historia, que al igual que alcanzó a Turquía por las masacres en Armenia, algún día alcanzara a China por las suyas en el Tibet.
Ojalá que nuestro vergonzoso voto no nos gane un párrafo en el libro de esa historia.

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