Emilio Bruce

Emilio Bruce

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Viernes 24 Marzo, 2017

Elegir personas nuevas puede abrir oportunidades, pero también puede abrir abismos donde una sociedad se termine por hundir. Lo nuevo es nuevo y no exhibe por ello condición ni ventaja, ni cualidad especial. Ser nuevo puede ser nuevo inútil, nuevo sinvergüenza, nuevo ignorante, nuevo inexperto o nuevo farsante

Sinceramente

Democracia. El papel del ser humano en el gobierno. El papel de quien elige.


¿Qué esperamos que hagan nuestros gobernantes? ¿Qué papel debe cumplir un ser humano al gobernar a otros? ¿Es posible evitar que se acuse a un honesto de corrupto siendo inocente? ¿Las armas en política son acaso la mentira, la difamación, la descalificación y el imaginario social construido con fines destructivos? El país debe dar un golpe de timón en el ejercicio de la política, en el análisis de los candidatos y en la acción de gobernar y dirigir los pueblos. Insultos y descalificaciones no conducen a nada. Denuncias sin pruebas son pura difamación. Un país no puede vivir la política a base de la difamación.

Todos sin falta deseamos personas honestas como gobernantes. No podemos tener gobernantes sospechosos que nos hagan vivir en la zozobra del robo, el negociado oculto, las comisiones, la conspiración para enriquecerse a costa del puesto y del pueblo. No nos engañemos, elegir deshonestos no lleva a un país por el camino correcto. Sin perjuicio de todo esto debemos detener el gigantesco proceso de difamación que está en marcha. Denuncias sin pruebas son solo difamación. Rige aún el principio de presunción de la inocencia. No más linchamientos mediáticos o electorales, son altamente destructivos y no contribuyen a la institucionalidad.

Por elegir correctos tampoco podemos cometer la imprudencia y la irresponsabilidad de elegir desconocidos en quienes no apreciamos capacidad de dirección, administración ni de trabajo. La experiencia y el conocimiento de su trayectoria resultan ser fundamentales en un gobernante. Los inútiles no se eligen. Los inútiles se rechazan y hay que aprender a distinguirlos. Esa es responsabilidad del votante.

Una larga trayectoria política nos permite evaluar a quienes la tienen. ¿Cómo saber si son buenos o malos, útiles o inútiles cuando nunca han hecho nada?

Elegir personas nuevas puede abrir oportunidades, pero también puede abrir abismos donde una sociedad se termine por hundir. Lo nuevo es nuevo y no exhibe por ello condición ni ventaja, ni cualidad especial. Ser nuevo puede ser nuevo inútil, nuevo sinvergüenza, nuevo ignorante, nuevo inexperto o nuevo farsante. Ser nuevo y desconocido no aporta absolutamente nada de nada al país. Tener cara de viejo o de joven tampoco. Las apariencias son tan solo eso. Por eso es que resulta tan complejo elegir, porque tenemos que hacer un gran esfuerzo personal por conocer, ahondar en la personalidad, la capacidad, en el discurso, las ideas y las verdaderas intenciones.

Hay que fortalecer a los partidos y al sistema de libertades democráticas que el país tiene. Esta elección será mucho más importante para el país de lo que suponemos. La gran crisis política internacional y los problemas de entorno requieren que elijamos lo mejor de lo mejor.

Hay que rechazar al totalitarismo y a los intentos del despotismo de controlarnos. El totalitarismo se esconde detrás de caras, bandera y nombres que no llamen la atención. Fortalezcamos la democracia y nuestras libertades.

Emilio r. Bruce
Profesor
ebruce@larepublica.net