Tomas Nassar

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Jueves 9 Enero, 2014

Miedo de Villalta y su camarilla a reconocer que son comunistas, miedo a que se descubran sus vínculos con La Habana y con Caracas, miedo a la verdad


Vericuetos

Del miedo y otros demonios

Estos que hablan hoy de campaña de miedo refiriéndose peyorativamente a los argumentos que se esgrimen en contra de las pretensiones de Villalta, se olvidan de que este ha sido un elemento sempiterno que ha permeado la acción política de los comunistas.
Lo que no dicen hoy, porque no les conviene, es que el miedo ha sido el motor histórico de la acción política de los regímenes de izquierda en todo tiempo y lugar y que no puede concebirse un gobierno marxista que no se apoye en ese factor emocional y que no intente llevar a la práctica sus teorías políticas mediante la generalización de la cultura del temor.
Los ejemplos son abundantes, de ayer y de hoy:
Los “Gulag” fueron indispensable para que Stalin operara estos verdaderos campos de exterminio para sembrar el miedo ejemplarizante en la población.
Los hermanos Castro en Cuba, eliminaron las libertades de prensa y expresión por miedo a la opinión pública y, por supuesto, abolieron las elecciones democráticas entre antagonistas ideológicos por pánico a un revés electoral que pusiera en evidencia lo espurio de su régimen.
Fidel y Raúl reprimen hoy a las Damas de Blanco por miedo a una reacción popular en cadena y mantienen desde hace más de 55 años el atroz sistema de represión y espionaje, basado en la estructura celular de los CDR no solo por miedo a la disidencia, sino para inculcar en los cubanos el miedo a transgredir la imposición del apego al sistema.
En todos los países bajo regímenes comunistas el Estado reorienta la acción educativa hacia el culto a la personalidad y la ideología de los gobernantes para evitar que los niños puedan albergar dudas sobre la magnificencia alegada del Estado mientras que por miedo al pensamiento y el conocimiento se imponen restricciones sobre internet y redes sociales y censuran la literatura y cualquier expresión artística que pueda ser “contrarrevolucionaria”.
En Cuba la población es constantemente alertada (en falso por supuesto) sobre la inminencia de la invasión de los Estados Unidos, lo que justifica el gasto inconmensurable en armamento defensivo que, en realidad, es utilizado para reprimir cualquier acto de rebeldía ideológica o de inconformidad con el sistema, mientras la población pasa hambre un día si y otro también.
La Alemania del Este fue separada del mundo occidental por las mismas razones que tuvo Fidel para cerrar las fronteras convirtiendo la isla en la cárcel más grande del mundo, por miedo de un éxodo masivo de su población. ¿Por qué si no?
La SIP registra un descenso alarmante en la libertad de prensa en Ecuador, Argentina, Venezuela y Bolivia, ante la presión de los regímenes bolivarianos sobre los medios privados por miedo a la crítica, mismo temor que les obliga a renunciar a la fiscalización electoral internacional y a la supervisión de organismos de derechos humanos.
Miedo de los gobernantes a la libertad de la población. Miedo de la población a los métodos represivos de la izquierda en el poder.
Miedo de Villalta y su camarilla a reconocer que son comunistas, miedo a que se descubran sus vínculos con La Habana y con Caracas, miedo a la verdad. Miedo al rechazo absoluto de una población electoral democrática que, sí, les tiene miedo, a ellos y a la realidad que sus correligionarios han sembrado donde quiera que a través de la historia han tenido la oportunidad de gobernar para desgracia, siempre, de los ciudadanos.
 

Tomás Nassar