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A las prácticas represivas para combatir el mal ya generado, se deben sumar las políticas que modifiquen la situación social que generó la violencia

Decisiones inteligentes para 2010

Cada análisis que se hace en las últimas fechas de un año e inicios del siguiente, sobre diferentes tópicos de la vida nacional, es importante en la medida en que arroja cifras y datos que llevan a conclusiones útiles para la nueva toma de decisiones.
Durante 2009 ocurrieron casi tres muertes violentas diarias, nos informó este medio ayer. Las principales causas de la pérdida de esas vidas humanas que hoy deberían estar aún formando parte de una familia, de la sociedad, fueron los accidentes de tránsito y heridas con armas de fuego o blancas.
Pero a estas, en el año que acaba de concluir, debemos sumar otras, que tampoco debieron suceder y cuya causa es diferente. Entre ellas, por ejemplo, las cinco personas que murieron por la caída del puente que unía a Orotina con Turrubares, mientras transitaba por este un autobús con cerca de 40 personas, muchas de las cuales resultaron heridas aunque conservaron su vida.
Esas muertes pudieron haberse evitado si las medidas que ahora se toman para reparar o construir puentes se hubieran adoptado hace tres años (para hablar únicamente de esta administración, aunque el problema viene desde décadas atrás). Ya aparecieron fondos para realizar los trabajos al menos en las 40 estructuras que presentan peores condiciones. Los recursos provendrán del Estado y de un crédito otorgado por el Banco Interamericano de Desarrollo.
Volviendo a las muertes violentas por accidentes de tránsito y por asesinatos con armas de fuego o blancas, el objetivo ha de ser, igualmente, medidas preventivas sobre las causas que las originan.
Sin querer simplificar problemas complejos y nada fáciles de resolver, lo que queremos decir es que hay factores ya identificados que combatir y formas conocidas para hacerlo.
Las principales causas de los accidentes de tránsito se conocen: ingesta de alcohol, malas prácticas y excesos de velocidad por parte de los conductores. En cuanto a la violencia ligada a los asaltos y la delincuencia o al tráfico y consumo de drogas, esta surge y se incrementa ante la falta de equidad, de empleo y oportunidades. Ante el deterioro de los núcleos familiares sanos, funcionales. Estos factores alteran el tejido social y engendran enojo y furia que desvían del camino correcto.
Por eso, a las prácticas represivas para combatir el mal ya generado, se deben sumar las políticas que modifiquen la situación social que generó la violencia.
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