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De todo menos fútbol
Saprissa dejó el invicto en Alajuela, tras un cortado clásico de 105 minutos

Luis Rojas
l[email protected]

Un gol de Marco Ureña, al minuto 67’ marcó ayer la diferencia entre un relajado Saprissa, lleno de cálculo y falto de pasión, y un Alajuelense, que canjeó ideas y velocidad, por control y seguridad.
Aparte de esto el partido tuvo un segundo tiempo cortado, por incendios, bombetas, broncas, expulsiones; cadena de incidentes que empezó cuando el juego empezaba a mejorar, tras el gol alajuelense.
La Liga no fue el mismo que llegó al Saprissa, hace quince días, porque su técnico, Roberto Sibaja, sentó a los correcaminos, Argenis y Ureña y puso un equipo que con Cristian Oviedo en la media y Mario Camacho en la ofensiva nunca encontró ritmo ofensivo; Giancarlo Solórzano, se quedó sin un compañero que le pusiera piernas a sus arremetidas, como para llegar juntos al área morada; Camacho tampoco pudo pivotear para los arranques de Solórzano; por los laterales tampoco hubo mucho provecho, pese a que Andrés Núñez estuvo flojo por la derecha en la primera parte.
En Saprissa Walter Centeno se retrasó un poco para alejarse de la marca de Valle y empezar desde atrás, con Michael Barrantes haciendo la función de enlace y llegada; pero los morados, acostumbrados a sacar servicios venenosos desde los tres cuartos de cancha, cambiaron el estilo y se dedicaron al tiro al blanco, al remate de media distancia, siete en esta primera parte, pero sin trascendencia.
Saprissa con el balón conducía mejor, a la Liga le faltaba un conductor; algo que intentaba Gabas sin mucho éxito.
Los cambios de Ureña por Camacho al 56’ y la lesión de Solórzano que dio paso a Argenis al 61, le pusieron piernas al partido.
Y fue así como, en un juego en el que parecía todo controlado, Gabas se llevó a Cordero y sacó un centro remate; Jervis venía muy atrás y Sequeira llegó tarde madrugándolos Ureña quien tocó al fondo de la red morada, anotando el gol que a la postre liquidó el invicto del Saprissa en el torneo.
Dos minutos después Gabas sorprende a Navas adelantado, remata pero el ágil arquero morado vuela y salva de un manotazo la segunda anotación.
Esas acciones encendieron el juego, encendieron las gradas, encendieron los ánimos y los pachucos de siempre encendieron un montón de serpentinas que yacían en un caño provocando que estas se prendieran y la suspensión temporal del encuentro, enfriando lo que apenas empezaba a calentar.
Luego vendría una bombeta, la Cruz Roja que se quería ir, una bronca en la que resultaron expulsados Allan Alemán y Giancarlo Solórzano; los cambios inútiles y hasta cuestionables (sacar a Barrantes) de Roy Myers y tras una hora de juego, el final del partido. Un clásico de nombre, de fama, pero que por lo futbolístico no será recordado, tal vez por lo otro sí.


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